Artista · Caracas

Starsky Brines

Starsky Brines trabaja entre la pintura, el dibujo, la escultura y la instalación. Su práctica explora la inestabilidad de la forma: figuras, imágenes y objetos que se desarman, se recombinan y cambian de condición. En ese tránsito conviven el humor, la ternura y lo inquietante.

Pintura de figuras híbridas en una composición de colores vivos.

01 / Selección visual

Obras

Obra 02, imagen de la selección visual.
Objeto
Obra 03, imagen de la selección visual.
Pintura
Obra 04, imagen de la selección visual.
Pintura
Obra 05, imagen de la selección visual.
Objeto
Obra 06, imagen de la selección visual.
Objeto
Obra 07, imagen de la selección visual.
Pintura
Obra 08, imagen de la selección visual.
Pintura
Obra 09, imagen de la selección visual.
Pintura
Obra 10, imagen de la selección visual.
Pintura
Obra 11, imagen de la selección visual.
Pintura
Obra 12, imagen de la selección visual.
Pintura

02 / Artista

Biografía

Biografía Starsky Brines (Caracas, Venezuela, 1977) desarrolla una práctica que atraviesa la pintura, el dibujo, la escultura y la instalación. Se formó en el Instituto Universitario de Estudios Superiores de Artes Plásticas Armando Reverón, en Caracas, donde obtuvo la licenciatura en Artes Plásticas, mención Pintura, en 2005. Su trabajo explora la transformación de imágenes y materiales, la ambigüedad entre lo humano y lo animal y los desplazamientos entre superficie, objeto y espacio. Ha presentado exposiciones individuales en Caracas, Bogotá, Madrid, Seúl, New Orleans y Frankfurt am Main. Entre sus proyectos figuran Bestiario urbano (2010), Los objetos de Zato (2011), No Happy Ends (2012), The Circus of Beauty (2018) y Luna Park – Shadow of Amusement (2024).
Persona sentada en una escalera frente a una pared clara.
En el estudio
Persona sentada frente a pinturas en una pared, con materiales de pintura a un lado.
En el estudio

03 / Textos de artista

Cómo trabajo

Mi trabajo es una indagación sobre la inestabilidad de la forma y sobre mí mismo. Me interesa cómo una imagen puede transformarse, perder su identidad y abrir otros sentidos. Una figura puede parecer humana y animal al mismo tiempo; un objeto cotidiano puede convertirse en un cuerpo extraño. Trabajo entre el control y el azar. Dibujo, pinto, borro, tacho, ensamblo y dejo que los materiales alteren mis decisiones. El cartón, la cerámica y la pintura ofrecen resistencias distintas y me llevan a descubrir posibilidades que no había previsto. Los materiales se convierten en extensiones de mí. A través de ellos exploro la memoria, la fragilidad y las transformaciones de la experiencia humana. El arte es, para mí, descubrimiento y reconocimiento: una manera de acercarme también a aquello que siento, pero no puedo explicar del todo.

04 / Lecturas

Textos críticos y curatoriales

Como si fuera un juegoLorena GonzálezLeer texto

Como si fuera un juego… (…) si el poeta aparenta situarse en el terreno de la realidad común (…) adopta entonces todas las condiciones que en la vida real rigen la aparición de lo siniestro, y cuanto en las vivencias tenga ese carácter también lo tendrá en la ficción. (…) En cierta manera, nos libra entonces a nuestra superstición, que habíamos creído superada; nos engaña al prometernos la realidad vulgar, para salirse luego de ella. Reaccionamos ante sus ficciones como lo haríamos a nuestras propias vivencias; una vez que nos damos cuenta de la mixtificación, ya es demasiado tarde, pues el poeta ha logrado su objeto (…) Sigmund Freud Según Sigmund Freud, en el estudio que realiza sobre las diversas manifestaciones de “lo siniestro” a partir del análisis del cuento El hombre de Arena de E.T.A. Hoffman, este estado vendría a ser una especie de fenómeno que afecta y extraña a las cosas conocidas y familiares desde tiempo atrás, a esos elementos que hemos abandonado y cuyos impulsos emotivos han sido represados en el transcurso de nuestra existencia. Estas piezas ocultas del sí mismo son transformadas por la represión en angustia, con lo cual se aglomeran; tienden a retornar hasta nosotros repentinamente para desestabilizar todo aquello que creíamos superado. La concreción o aparición de lo siniestro en la obra de arte tiene que ver para el psicoanalista, con las capacidades del poeta para ubicarse en el terreno de la realidad común y deslizar esos rasgos desde lo cotidiano hasta la ficción, asentando los pasos de un desplazamiento que posteriormente se repetirá en la experiencia del espectador. En el caso de Starsky Brines, podría decirse que es justamente este mecanismo uno de los puntos centrales de su propuesta pictórica; sus ambigüos personajes, tanto en los dibujos como en las telas, se presentan ante nosotros como si pertenecieran a un mundo por todos conocido que repentinamente es desajustado por la intervención del artista. Extrañas presencias, muñecos sombríos, seres mitad animales y mitad hombres, mujeres ambigüas, niños risueños, bestias sutiles, textos, poemas, grafías y objetos, están constantemente transitando por esta calle de doble sentido que desarrolla en sus piezas: una cartografía fantástica donde lo extraño y lo familiar se solapan, haciendo surgir figuras tan cercanas como ajenas. Para Brines, este mundo es una población infinita muy particular, un bestiario urbano tan íntimo como colectivo que viene colecionando desde hace muchos años y que parece asaltarle constantemente. En las imágenes de su producción artística respiran los restos personales de una memoria que se desplaza desde la muñequería y los recuerdos de la infancia, hasta pasar por la cultura del comics y la iconografía caracterísica de los massmedia: símbolos, esterotipos, momentos, formas y relaciones que también sabemos cercanas porque conforman el día a día de nuestra compulsiva vida contemporánea. En su propuesta, los formatos, la técnica y los materiales de trabajo recrudecen estos desvíos visuales, cada figura funciona como un conjunto de fragmentos, de sugerencias, de gestos que se concretarán en los lugares ocultos del propio espectador. A través del despliegue de este cúmulo de quiebres formales y conceptuales que no sólo inspiran la aparición de sus personajes sino que conforman el movimiento de cada trazo sobre la tela, el artista finalmente nos confronta con un mundo donde, como diría Freud, lo extraño, lo raro, lo desplazado, repentinamente se afirma y se celebra… Casi como si fuera un juego, abre paso a la presencia de lo siniestro: obras que se deconstruyen por instantes para luego reanimarse, piezas que desbordan historias públicas y privadas, fracturas visuales que fluctúan entre los destellos fantasmales de una trama subterránea, persistencia de una vía perdida donde el artista, expulsando y reciclando sus propios temores, nos entrega una verdad oculta de la que todos formamos parte. Lorena González

BestiarioFélix SuazoLeer texto

Starsky Brines. Bestiario Por Felix Suazo “Ya no eres lino, plano humilde, tela” Rafael Alberti En su declinación actual, el trabajo de Starsky Brines (Caracas, 1977) concatena de manera paradójica distintos medios como la fotografía, la pintura y el dibujo. En este caso, las imágenes son apropiadas de publicaciones impresas y material promocional de la industria cinematográfica, para luego ser intervenidas, digitalizadas y copiadas. Después de esta metamorfosis inicial, los motivos seleccionados - generalmente rostros y figuras, aunque también escenas interiores y vistas panorámicas- aún pueden sufrir nuevas modificaciones, de tal suerte que el proceso de reproductividad técnica conduce a la obtención de una pieza única, en lugar de múltiples ejemplares. La cuestión se complica tan pronto el observador se percata de que algunos de los registros “originales” corresponden a estrellas del mundo fílmico, aún cuando sus caras han sido borroneadas o literalmente garabateadas. Esta, por cierto, es una práctica similar a la de sabotear los afiches callejeros, colocándole bigotes a las modelos publicitarias, alargándole la nariz a los candidatos electorales o borrándole la sonrisa los ídolos corporativos. Son retratos deformes, con rasgos incongruentes (cachos, hocicos, alas), cuya identidad queda oculta o parcialmente visible en un palimpsesto de líneas y manchas. Hay en estas obras una presunción narrativa, efecto inducido por el aprovechamiento de las leyendas de las imágenes apropiadas y reforzado con el empleo de anotaciones y grafías esporádicas. De esta manera, los personajes de Brines parecen habitar en un universo aparte, escindidos de su entorno inmediato e inmersos en un acontecer que sólo ellos conocen. Sus historias transcurren en un limbo espacio-temporal, gobernado por pulsiones extremas que fluctúan entre la comicidad y el drama. No obstante la fuerte restricción del elemento cromático – apenas limitado al negro, el blanco y unos pocos matices - , la lógica del discurso pictórico mantiene su impronta expresiva, subvirtiendo la fidelidad especular de la representación fotográfica. Allí, en ese juego de tachaduras y apariciones absurdas, el instinto prevalece sobre las apariencias. En consecuencia, los atributos y significados de las imágenes subyacentes quedan a merced de las pinceladas y los trazos, mientras el ojo –esa máquina de discriminación sensible- se regodea en el espesor virtual de la superficie, intentando descifrar el sentido de las formas. Al final, eso de manchar o rayar fotografías ajenas, tiene una doble connotación. Por un lado, puede ser entendido como un ejercicio de demolición simbólica del significante; por el otro, puede asumirse como la manifestación prolongada del gesto configurante. En ambos casos, sin embargo, las consecuencias recaen sobre la imagen, ese reducto seminal donde cohabitan en prolongada tensión la certidumbre y la duda. Frente a esa disyuntiva, los trabajos de Brines desembocan en otra pregunta nunca resuelta: ¿hombres o bestias? Caracas, septiembre de 2010

Starsky Brines, la pinturaJuan Carlos PalenzuelaLeer texto

Starsky Brines, la pintura. Reciclar tomar de la historia son signos de los tiempos. Starsky Brines es un pintor de una nueva promoción, aquella que irrumpe en 2003 en un salón, es decir, sin manifiesto y sin ninguna algarabía que merezca recordarse, simplemente se acomodaron en un salón donde suelen agolparse docenas d expositores (jóvenes) y, aquella vez, entre tantos, se imponía la afiliación por el sentido de una pintura figurativa, una iconografía urbana, el interés por lo reciclado y lo no discursivo. Se ha considerado al siglo XX como tiempo de exaltación del caos, de descaros estéticos, de retos a la imaginación y a los sentidos del arte. Que significativo resulta que al principio de un nuevo milenio un artista abra su primera exposición individual con un cuadro recogido del basurero. Cuadro menor, cursi y enorme por si fuera poco. Un paisaje, dato significativo, pretencioso. Debidamente enmarcado y también debidamente pintorreteado. Un cuadro me mezcolanzas, de ironías, de bajezas. Un cuadro que recuerda observaciones de L’Art modeste de Alain Severe. Un cuadro que nos sitúa en la posmodernidad. Se trata de una generación que tiene su punto de convergencia en las aulas del Instituto Reverón, en Caracas. Hasta donde puedo entender allí aprendieron que la primera condición del artista reside en su libertad individual. Ese clima se siente al recorrer sus pasillos, talleres y salones. En una época de limitaciones y de graves dificultades para la educación del arte en Venezuela, (para el país, vamos) el Instituto Reverón ha significado apertura, independencia, atrevimiento. Pintor y pintor figurativo, Brines ubica un sujeto imaginario en medio del espacio de la pintura, solitario, imponente, simple. Dicho elemento podría tener su origen en el comic, en ciertas imágenes emblemática de la cultura de masas, sin otra afinidad que la creación pictórica. Su obra podemos identificarla por sus grandes formatos y sus largas secuencias de muy pequeñas series; el rostro imaginario, el interés por la materia y el color y cierta escritura en el espacio mismo de la pintura. Una de las vertientes de tradición del arte moderno es la deformación, la cual se mezcla, en este pintor, en un cromatismo de respiración del soporte. Con Brines sucede la reafirmación de la tradición figurativa de la pintura contemporánea venezolana. Su imagen se concentra en una escena. Una figura sin repertorio. Su color tiende a lo primario y con el mismo fundamenta el sentido del dibujo. La suya es una pintura sobre la escribe el nombre de “Caracas”, sin mas: una figura en cierto modo indefinida, un cuerpo acostado, un humano pajarraco, un rasgo despersonalizado, aferrado a su extraña condición humana. Esta pintura de fondos inquietantes y de modelos que podrían evocar la pintura-pintura de los ochenta. Su referencia icónica, aun semioculta, dice de su procedencia fotográfica. En momentos en la vocación profética del arte prácticamente a desaparecido y cuando lo uniforme amenaza con imponerse, surgen una serie de de jóvenes pintores que renuevan la fe en la pintura, en la creación pictórica, en el espíritu de la libertad. Esto es lo mejor que puede suceder a una sociedad quebrada. Juan Carlos Palenzuela

Caso FortuitoTania IglesiasLeer texto

GALERÍA FERNANDO PRADILLA C/ Claudio Coello, 20 – Tel. (34) 91 575 48 04 – fax (34) 91 577 69 07 Madrid 28001 – España NOTA DE PRENSA Exposición Starsky Brines “Caso Fortuito” 3 de diciembre de 2009 a 9 de enero de 2010 Starsky Brines (Caracas, 1977) presenta su segunda exposición individual en la Galería Fernando Pradilla. Una amplia selección de dibujos y pinturas recientemente producidos por el artista se agrupan en esta muestra que bajo el título “Caso Fortuito” se exhibirá hasta el 9 de enero de 2010. La obra de Starsky Brines parece desafiar las nociones antropomórficas que tenemos asentadas. El tratamiento plástico al que recurre para crear los seres que habitan sus pinturas impide definir si se trata de animales a los que se les ha atribuido rasgos y cualidades humanas o si es justamente lo contrario. A sus personajes parece obsesionarle una permanente sensación de hibridación y complementariedad, un afán zoomórfico que trasmuta las apariencias y que resulta en una nueva especie: abestiada y humanizada a la vez. Sus criaturas participan de esa identidad dual y complementaria que les fracciona y unifica en una narración de extravagantes historias e insólitas relaciones visuales. Candor y picardía, circunspección e informalidad, reproche y aprobación se abren paso en la interpretación que este joven artista aborda para metamorfosear la cotidianidad. Con su habitual desenfado plástico, Starsky Brines despliega un mundo de seres y situaciones sorprendentes, en las que el humor, la burla, el sarcasmo o la caricatura le valen para contextualizar el universo de sus pequeños monstruos humanos. Son obras dinámicas y narrativas, de ingeniosos e irónicos títulos, de pinceladas coloristas y vigorosas que estructuran un lenguaje definido por su frescura, por un agudo sentido del humor y por una gran capacidad de síntesis formal. Starsky Brines es Licenciado en Artes Plásticas por el Instituto Universitario de Estudios Superiores de Artes Plásticas Armando Reverón de Caracas. Desde finales de los años noventa viene presentando su obra en diferentes espacios nacionales e internacionales. Sus trabajos han merecido un amplio reconocimiento, reflejado en las recientes participaciones en ferias y exposiciones internacionales en las que ha cosechado gran éxito y aceptación por parte de crítica y público. Desde que presentara su primera muestra individual en Madrid, su obra se ha abierto un camino en los espacios expositivos europeos, latinoamericanos e internacionales en general, formando parte de exhibiciones colectivas presentadas en ciudades como Basilea, Buenos Aires, Bogotá, Santander, Miami, Madrid, Seúl, entre otras. Asimismo, durante los últimos años sus trabajos han tenido el reconocimiento de diversos premios y menciones, entre los que cabe destacar el Segundo Premio obtenido en el VIII Salón CANTV Jóvenes con FIA: Miradas Abiertas (Caracas, 2005); el Gran Premio Juan Lovera en el XXXIII Salón Municipal de Artes Visuales (Caracas, 2004); la Mención Honorífica en XXIII Salón de Pintura del Ateneo de Carúpano (Sucre, 2003) y el Premio Mejor Pintura en el VII Salón Regional de Jóvenes Artistas. Puerto La Cruz, (Anzoátegui, 2003). Tania Iglesias Noviembre 2009

La figuración de Starsky BrinesBélgica RodríguezLeer texto

La figuración de Starsky Brines Seres con rostros que muestran su exterior e interior, niños que juegan con una bicicleta, hombres animales u hombres vegetales; ellos, contenidos en el espacio de la nada y del todo, permanecen en el silencio de la piedra que le sirve para identificarse con sigilo; ellos, que están queriendo ser el inicio de algo que va a suceder en un tiempo presente, se instalan en un tiempo mágico, para aparecer en una pintura con raíces en el mundo, con raíces en una realidad real e imaginaria; es la violencia de un cuerpo que desea integrarse a quien, expectante, se le acerca para mover una existencia cargada de las antorchas del guerrero; guerrero que un día tomó la decisión de abandonar el hogar de los padres en una ciudad de provincia, para instalarse en el caos de la gran capital, la Caracas que en afán de hacerse moderna ha quemado sus pasos en el cemento, pero que continúa floreciendo en el verdor de los árboles y la maravillosa atmósfera de la Montaña Mágica que protege a una gente generosa. Rodeado de esta arquitectura urbana que batalla con los grandes árboles que esconden sus fachadas, inició Starsky Brines su camino de artista pintor. Al explicar su pintura, Starsky Brines comenta que esta expresa imágenes que ha guardado en su memoria, imágenes de varios universos infantiles que desea conciliar con el que le ha tocado como el adulto empeñado en expresarse en la pintura. Mirándola, expresa una extraña alegría envuelta en gritos y atmósferas siniestras, que, paradójicamente, lanzan una dramática interrogación al universo. En su estudio de la historia reciente de la pintura, el joven Starsky descubre las extravagancias de la transvanguardia de los ochenta, la que a su vez se nutrió de la violencia del neoexpresionismo europeo, del grafiti newyorkino y de los murales urbanos de tantas ciudades que muchas veces nos son tan lejanas, pero también de la nueva figuración latinoamericana, con el ejemplo de la pintura de Jacobo Borges en Venezuela o de Luis Felipe Noé y Ernesto Deira en Argentina, para nombrar solo unos pocos. Haciendo de la pintura, como él decreta, y de su amor a la pintura por la pintura misma, una manifestación plástica sujeta a las leyes del crecimiento de la naturaleza humana y de una cierta poética no racional regida por leyes plásticas y humanas. Es su necesidad establecer una relación entre el hombre y su universo, sin que intermedie algún objeto exterior. Es evidente que en esta pintura, no se pone en tela de juicio la relación imagen y realidad; su figuración personal, desmembrada a fuerza de fuertes trazos y manchas de agresivos colores, crea un realismo violento, que al final es determinado por la manera como él artista selecciona y transpone su visión para ocupar un espacio re-presentacional de esa misma imagen. Es obvio que sobre el soporte, sea papel o tela, ésta cruce con otras su destino. El recurso del color con vida propia, re-potenciado por el impulso figurativo, a veces modulado en transparencias, otras enfatizados por largos y gruesos trazos, lo conduce, plásticamente hablando, a la libertad de la factura, así como a la forma que al final sublimiza por la estridencia cromática, dinámica y elástica, hasta lograr que se transformen sobre el plano. La destreza del artista en hacerlas mover y presentarlas como tangibles a partir de la reconstrucción de la realidad, sea un retrato como en las pinturas La niña de película, mi jeva mixta, por ejemplo o en el juego de niños, Yo que estuve esperando, mirando. Uno de los temas a abordar en la pintura de Brines, es el concepto de lo bello, bastante ambiguo, puesto que sus imágenes simultáneamente generan ternura y agresividad, igual a otras tendencias donde lo figurativo está fuera de cánones tradicionales de la belleza, además de estar controlado por la sensibilidad del artista y su deseo de acercarse al arte amando a la pintura como si fuera el juego de niños que siempre quiso realizar y ahora tiene la posibilidad de concretarlo con personalidad universal y colectiva. En este sentido, lo que aquí se define por lo figurativo, posee un significado sustentado por experiencias personales, memorias y preocupaciones por el entorno y la influencia que éste ejerce sobre los individuos. La acción gestual de construir esta imagen solo por el color y su fuerza expresiva además de simbólica, el trazo grueso, nervioso, vibrante y hasta violento, conlleva la gran carga significativa que comunica al espectador por su peso visual y los complejos planos compositivos sobre los que la expresa. Starsky Brines plantea por escrito lo que siente afectivamente y desea conceptualmente con su pintura … Mi pintura se alimenta principalmente del amor que tengo a la acción de pintar, donde involucro recursos como la mancha, la línea y la inmediatez, volviendo todo acción de hacer y percibiendo la materia como un músculo generador de movimiento en sincronía con mi cuerpo, con mis manos, mis pies, mi piel y mi mente, cada parte de mi, en conjunto con la materia, pasa a ser puentes conductores de energía que desembocan en el soporte para dar paso al acontecimiento plástico … declaración que lo involucra en una dirección básicamente gestual-expresionista, además de que los valores plásticos activos asimilan la cualidad temporal de la experiencia existencial en un esquema de duración donde se combinan sueños prácticamente obsesivos con matices violentos en la estructuración de la imagen a partir de la entrega del hombre-artista al hecho creacional con la participación activa de su brazo, su cuerpo, su corazón, comandados en la batalla de las órdenes que envía el cerebro. Bélgica Rodríguez Caracas, Mayo 2008

Texto en revista ComunicaciónVíctor Hugo IrazábalLeer texto

La necesidad de dibujar, de trazar, de garabatear, de interpretar la realidad externa que lo rodea o la interna que vive en su mente es tan antigua como el hombre mismo. Desde los más remotos tiempos, el hombre siempre ha sentido la necesidad de imaginar, y dibujar lo imaginado, con el fin de entender el mundo o comunicárselo a los demás. El dibujo es un lenguaje. Es una actividad sensible sólidamente identificada con el ser humano. Mientras el hombre sienta la necesidad de usar ese lenguaje para significar, para comunicar, se continuará dibujando. Se dibuja por diferentes razones. Se dibuja para aprender a ver o se dibuja para hacer visible lo que sólo nosotros vemos o pensamos. Por tal razón Joseph Beuys sostuvo que "dibujar es pensar". El dibujo es un pensamiento inmediato, que apela a lo esencial del lenguaje gráfico para expresar de una manera directa una realidad organizada, un todo con lo mínimo. Es preciso señalar que más que una acción, el dibujo es una intención. Se puede dibujar sin necesidad de usar los materiales tradicionales del dibujo: papel, carboncillo, lápiz, etc. Hoy en día el dibujante explora nuevos materiales, liberándose del soporte tradicional y del marco. El dibujo se ha hecho en muchos casos más instalativos, abierto al espacio real y al digital, y no tiene complejos de asimilar aspectos del arte conceptual. En un proceso interactivo el dibujo se expande estableciendo diálogos con los demás géneros, aunque actualmente es difícil hablar de géneros. Tal es el caso de la serie de imágenes con las cuales Starsky Brines es convocado hoy a nuestra Galería de Papel, un conjunto de trabajos producto de la intervención del gesto, del trazo y de la línea sobre la imagen fotográfica. Starsky Brines ha desarrollado todo un imaginario personal, no sólo como dibujante sino también como pintor, a partir del peso de la presencia del animal en su obra. Conformando una suerte de bestiario personal en el cual se desarrolla una serie de imágenes zoomórficas, que nos hablan de la hibridación entre la bestia y el hombre. Su trazo se deja llevar por una fuerza interior que no sabe hacia donde va, que bebe del oscuro fondo para dejar brotar, violentamente, al final un mundo arquetipal que nos conecta directamente con el origen animal. Sus animales resultan de una mezcla de civilización y barbarie. No debemos olvidar que el arte es una forma de conocimiento, es un reflejo de la vida y el artista un pensador de la realidad, un indagador del mundo externo que nos ayuda a alcanzar con sus planteamientos materiales o inmateriales significados de cómo el acontecer social, cultural y afectivo en que vivimos toca nuestra fibra interna, incide sobre nuestro ser. Starsky en sus planteamientos nos habla de la condición de la existencia del hombre en la sociedad actual. Su arte está dotado de poder significativo y comunicativo en cual nos reflejamos como bestias, en un mundo cargado de una alta dosis de violencia e intolerancia. "Inspirado en mi vivencia natural y citadina –señala Starsky– utilizo diversos recursos, soportes en los cuales existen imágenes ya elaboradas por otro; tal es el caso de la fotografía, pues en ellas habita una memoria que habla de un tiempo, de otra forma de ver y de una intención distinta a la mía. En mi trabajo no deja de privar un sentimiento de impertenencia que traduzco en nuevas imágenes propias. Ellas son el detonante de un discurso del cual nace lo ambiguo. De la naturaleza, con violencia, destaco lo animal, para evocar los diversos fragmentos que viven en la memoria y la cotidianidad del hombre urbano" Víctor Hugo Irazábal Caracas, 2004 Publicado en la revista Comunicación

Colectivo 77: Starsky Brines y José VivenesAlberto AsprinoLeer texto

En esta oportunidad la Galería Spazio Zero de Caracas exhibe la primera muestra individual de este colectivo plástico denominado 77 e integrado por los artistas: Starsky Brines y José Vivenes, jóvenes promesas de presencia constante en los salones de nuestra plástica nacional, con un lenguaje propio ideado bajo la confrontación del exigente trabajo a cuatro manos, proveniente de una investigación constante y manifestando su particular lectura plástica y el entorno conceptual que aporta cada obra, claramente visible a través del soporte técnico que utiliza en su obra: intervenciones directas de los espacios, llevados al dibujo. Alberto Asprino, relevante investigador y curador de arte y de esta muestra, describe esta propuesta de una manera integral, un recorrido excelente de la obra de Brines + Vivenes. ...“En arte el punto de llegada cuenta más que el punto de partida”... Alejandro Otero José Vívenes y Starsky Brines, figuras emergentes del arte contemporáneo del país, además de haber nacido el mismo año (en 1977), comparten la pasión por todo aquello que significa convertir en expresión artística, la memoria que resguarda la experiencia de haber vivido la niñez y sus pasos adolescentes en Maturín, Estado Monagas. Ciudad esta que además supo cobijar sus iniciales inquietudes creativas. Vívenes y Brines son llaves desde entonces; juntos han aprendido la no fácil tarea de “lidiar” con el arte como proyecto de vida y creer en la pintura como medio genuino de expresión contemporánea. Cada uno, desde un escenario existencial diferente, ha apostado a volcar a través de la indagación plástica, todo cuanto se resguarda en ellos, como legado y experiencia existencial desde entonces. Posición ésta que los distingue del resto de la mayoría de los creadores de su generación. Su “iconografía” figurativa ha llevado un proceso particular, porque cada quien por separado, ha venido personalizando en los últimos años un lenguaje que ya es reconocido, pero que no deja de mantenerse cercano uno del otro como diálogo y vivencia compartida. En vez de marcar distancia como suele ocurrir en los jóvenes artistas, buscan aproximarse para refrescar y fortalecer la experiencia de crear. No conformes con esto, se lanzan recientemente a la aventura de expresarse “a cuatro manos” persiguiendo para ello un territorio común: la Región del Sur de Monagas. Escenario perfecto para el reencuentro, para oler y pisar de nuevo la tierra que tanto le ha brindado a sus valores de vida. Un hato rodeado de verdes por doquier, de aves y animales, se convierte en el “taller portátil” para dar rienda suelta a ese compromiso que como llaves, como colegas que son, se plantearon desarrollar. Vívenes y Brines no tuvieron que inventarse un cuento, partir de un guión curatorial preconcebido, o encargado. El imaginario real que los circunda ha sido el objetivo, la tarea a realizar. Un viento a su favor libera su aventura compartida y sus tímidos trazos iniciales, para hacer del gesto emocional un solo cuerpo, mimetizando lo personal en perfecta comunión. El sobrio soporte de papel se ensancha para abrir espacio a la línea expresiva, a la mancha orgánica transformada en pasta pictórica. Los bocetos que cada uno guarda como bitácora diaria en la estancia, salen a encontrar el diálogo en la mirada desenvuelta del otro. Dibujo firme por un lado, trazo internalizado por el otro. Los gallos de pelea, una de las crías característica del hato, apenas se desdibujan en sensible aguada. La vaca pintada de verde y el toro de rojo, son ahora meras referencias locales, después de todo, ya no pueden ser las mismas, ahora la impronta está consolidada en gestual interpretación. Retratos ocultos de cuanto los impulsa, los reúne. Juntos y revueltos hoy, le brindan al cuerpo del arte una marca indeleble: el saber nutrirse de la mirada compartida. Alberto Asprino

05 / Contacto

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starsky@starskybrines.com