STARSKY BRINES

Archivo de lecturas

Textos y entrevistas

Lecturas críticas, conversaciones y documentos para investigar la obra de Starsky Brines. Una selección por años y autores, con bibliografía y documentos originales para consulta.

24 / 24 documentos

2024

Prensa

Identidad híbrida y sociedad en Starsky Brines

Arte al Día ·
06.08.2024

Síntesis editorial de la reseña publicada el 6 de agosto de 2024. Original disponible en español e inglés.

La reseña aborda la identidad híbrida y las relaciones sociales en la obra de Brines. Vincula sus personajes ambiguos y su lenguaje pictórico con la experiencia contemporánea y la relación entre lo individual y lo colectivo.

Textos críticos

Luna Park – Shadow of Amusement

Galerie Heike Strelow ·
Frankfurt, Alemania

Síntesis editorial del texto de la galería. Exposición: 6 de septiembre–26 de octubre de 2024. Original en inglés.

El texto explora la atracción del parque de diversiones y su reverso oscuro. Sitúa el humor y la ironía de Brines ante la distancia entre apariencia, espectáculo y realidad social.

2022

Textos críticos

Starsky Brines / Hendrik Zimmer: In Dialogue

Galerie Heike Strelow ·
Frankfurt, Alemania

Síntesis editorial del texto de la galería. Exposición de dos artistas: 9 de septiembre–22 de octubre de 2022. Original en inglés.

La galería pone en diálogo los procesos de Brines y Hendrik Zimmer: figuración y abstracción, construcción de la imagen y continuidad entre obras. Presenta la pintura como investigación en desarrollo.

2018

Prensa

¿Para quién es el circo?

ELLE Korea ·
Corea del Sur

Traducción de pasajes seleccionados del artículo coreano publicado el 9 de marzo de 2018. Original: 누구를 위한 서커스인가? Copia conservada en el archivo del artista.

Un artista capaz de señalar problemas sociales mediante un lenguaje ingenioso ha llegado a Corea. Es el artista sudamericano Starsky Brines.

El universo está lleno de seres extraños. Aparecen payasos, perros, gatos y personajes cuya forma no puede identificarse del todo. ¿Quién realiza este circo y para quién? El protagonista de estas obras es el artista venezolano Starsky Brines.

Su exposición se presenta en G Gallery, en Cheongdam-dong, Seúl. La muestra, abierta del 7 de marzo al 6 de abril, lleva por título CIRCUS. El tema de la exposición es el maltrato animal, un problema de alcance mundial. Starsky ha trabajado con frecuencia a partir de experiencias personales que conecta con problemáticas sociales y culturales contemporáneas, y esta exposición continúa esa línea. Aun así, la muestra tiene momentos vivaces, enérgicos e incluso aparentemente tiernos. Esto parece estar relacionado con la manera ingeniosa en que Starsky articula su lenguaje visual.

Ese lenguaje también proviene de su forma de trabajar. Antes de comenzar una obra no establece un plan detallado; deja que el pincel lo conduzca sobre el lienzo. Por eso sus pinceladas resultan directas, dinámicas y transmiten velocidad. Al mismo tiempo, insuflan vida a los personajes de sus pinturas.

Para Starsky, la violencia es un instinto humano. Muchas personas esconden ese impulso en algún rincón, pero él intenta encontrarlo y mantenerlo visible. Expone sin vacilar esas dos dimensiones opuestas: lo humano y lo violento. Los personajes de sus obras, que se comportan de manera salvaje y absurda, dan cuenta de ello.

Después de contemplar varias de las obras de esta exposición, ¿qué queda? Amar y odiar; ser amado y también ser odiado. Se percibe la repetición de esas distorsiones emocionales entre personas y animales, o entre unas personas y otras, y la realidad que las acompaña.

En las exposiciones recientes en Corea han predominado la fotografía, la arquitectura y la escultura por encima de la pintura. La exposición de Starsky Brines ofrece una oportunidad para volver a experimentar la fuerza de la pintura.

Original en coreano

FASHION 누구를 위한 서커스인가? 재치 있는 화법으로 사회적 문제를 콕 집어내는 그가 한국에 왔다. 남미 출신 아티스트 스타스키 브리네스다 BYELLE2018.03.09 Backstage Delayed storytelling 기묘한 존재들이 가득하다. 광대, 강아지, 고양이 등 형태를 제대로 알 수 없는 캐릭터가 등장한다. 이 서커스는 과연 누가 누구를 위해 하는 것일까? 이 작품의 주인공은 베네수엘라 출신 아티스트 스타스키 브리네스다. 그는 유럽 및 남미에서 주목 받고 있는 작가 중 한 명이다. 2006년 베네수엘라에서 첫 개인전을 열고 난 후, 스페인, 콜롬비아, 독일 등에서 전시회를 열었다. 독특한 세계관이 담긴 스타스키의 작품은 베이징 국립미술관, 독일과 스위스의 샌더스 컬렉션, 아카리과 미술관 등 다양한 기관에 소장되었다. 스타스키 브리네스의 모습 그의 전시가 서울 청담동 지갤러리에서 열린다. 3월 7일부터 4월 6일까지 진행되는 전시의 제목은 <CIRCUS>. 전시의 주제는 현재 전세계적으로 문제인 동물 학대다. 그동안 스카스키는 본인의 개인적 경험을 현대의 사회적, 문화적 문제와 접목해 작품으로 구현하곤 했는데, 이번 전시 마찬가지다. 심지어 이번 전시는 발랄하고 생동감이 느껴지며 심지어 귀여워 보이는 구석도 있다. 이는 스타스키의 재치 있는 화법 영향 때문일 터. 그의 이러한 화법은 작업 방식에서 비롯된다. 그는 작업하기 전 자세한 계획을 세우지 않는다. 그저 붓이 이끄는 그대로를 캔버스에 담는다. 때문에 그의 붓 터치는 솔직하고 역동적이며, 속도감이 느껴진다. 동시에 그림 속 캐릭터에 생명을 불어 넣는다. 스타스키에게 폭력성은 인간이 가진 본능이다. 많은 이들이 이러한 본능을 한 구석에 숨겨놓지만, 그는 애써 찾아 지켜낸다. 그는 인간적인 것과 폭력적인 것, 이 상반된 두 가지 측면을 주저없이 드러낸다. 야만적이고 바보 같은 행동을 하는 작품 속 캐릭터가 이를 말해 준다. THE CIRCUS OF BEAUTY UNKNOWN AROUND THE WORLD MY FEET HURT 이번 전시 속 몇 작품을 연달아 감상한 후, 당신은 어떤 생각이 드는가? 사랑하지만 미워하고, 사랑 받기도 하지만, 미움도 받는. 사람과 동물 사이 혹은 사람과 사람 사이의 반복되는 감정의 뒤틀림과 현실이 느껴지지 않는지. 최근 국내 전시는 회화전 보다 사진이나 건축, 조형 작품이 주를 이뤘다. 이번 스타스키 브리네스의 전시는 회화의 힘을 다시 한 번 느낄 수 있는 기회가 될 것이다. 0

Textos críticos

Paraíso perdido

Galerie Heike Strelow ·
Frankfurt, Alemania

Síntesis editorial del texto de la galería. Exposición: 29 de octubre–8 de diciembre de 2018. Texto original en inglés.

La presentación vincula la pintura de Brines con el teatro, la fantasía y La flauta mágica de Mozart. Destaca cómo la poesía y la comicidad conviven con una mirada crítica sobre la experiencia humana.

2016

Textos críticos

Starsky Brines, the Stuff of Drawing

Sagrario Berti ·
GBG Ediciones · Libro de artista

Ensayo completo de Sagrario Berti y texto de presentación completo de Starsky Brines, conservados en las páginas aportadas del libro de artista de 2016 desarrollado con Ricardo Báez. El ensayo se transcribe del inglés y se traduce al español; la presentación se transcribe del español y se traduce al inglés. La entrevista de Javier Díaz-Guardiola tiene su propia entrada bilingüe en el archivo. No se presenta esta selección como el libro completo.

Para Starsky Brines, dibujar va más allá de trazar el boceto preliminar de una obra, ya sea una pintura o una escultura: es, ante todo, una disciplina en sí misma, el dibujo elevado a una forma autónoma. En otras palabras, este artista concibe el dibujo como un proceso encarnado en una acción cambiante y producido por ella, que a su vez conduce a una ejecución incesante mediante trazos, líneas, colores y diversos soportes. Los dibujos de Brines, nacidos de una necesidad profunda de articular y expresar con franqueza lo que sea preciso, llevan las marcas distintivas de una introspección meditativa realizada en medio de una creatividad inquieta.

Al comprender que los dibujos son pensamientos a los que la mano da forma, el artista perfila seres imaginarios destinados a representar su universo personal. Un lugar habitado por figuras antropomórficas y zoomórficas, payasos y bufones, aves unidas anatómicamente a figuras que recuerdan a los héroes de las historietas. Asimismo, se siente libre de apropiarse de fragmentos o escenas enteras procedentes de fuentes reconocidas del canon oficial del arte occidental, como El aquelarre (1798), de Goya, y Un interior de cocina con una criada (1613), de Jeremias van Winghe.

Brines observa obsesivamente a las personas, los animales y los objetos de su entorno, que luego construye y deconstruye. Globos de colores, perros, robots, garabatos, toros, gallinas y pollitos: sean animales u objetos, estas figuras se adornan con orejas y cuernos, incluso las aves, y todas las figuras femeninas llevan coronas (2003–2007). Estos elementos constituyen la base de un vocabulario visual cuya reiteración permite al artista organizarlos en series. La serie se convierte así, en la obra de Brines, en un procedimiento estético. Aquí, la repetición y la variación temática conforman una línea temporal visual que enmarca obras dibujadas en distintos momentos.

Papeles arrugados de distintos colores arrancados de cuadernos y hojas de las páginas de sucesos de diarios populares como Últimas Noticias o 2001 se convierten en soportes adaptables para obras de gran formato (244 × 184 cm) o relativamente pequeñas (21,5 × 28 cm). Brines conceptualiza y dibuja en ellos sin atenerse a la uniformidad de los materiales ni a formatos normalizados. Esta informalidad se extiende a sus herramientas de dibujo: lápices, bolígrafos y creyones. De hecho, Brines combina herramientas y materiales, entre ellos carboncillo, ceras, esmalte, acuarela, óleo, acrílicos, tiza, pinturas industriales y marcadores Krink para grafiti.

Lejos de participar del espíritu tradicional del dibujo —es decir, de producir réplicas exactas de la naturaleza o de partes del cuerpo—, los dibujos de Brines adoptan la lógica de la distorsión. Las imágenes resultantes suelen parecer amorfas, incluso abstractas, pero también pueden adoptar cualidades habitualmente asociadas con el arte naïf: figuras ingenuas que parecen recordar a una mano infantil entregada al garabato despreocupado. Sin embargo, aunque distorsionados, estos dibujos no son caricaturas. Por el contrario, al dibujar una gallina o un toro, un robot, una calavera o una imagen callejera, el artista humaniza sus figuras, del mismo modo que animaliza los motivos humanos. En resonancia con Basquiat, algunos de los temas de Brines surgen de imágenes propias de las subculturas urbanas.

Vinculadas a las líneas rápidas del grafiti o a las figuras planas de las historietas, casi siempre carecen de perspectiva y de sombras, dibujadas sin un «espacio negativo» capaz de anclarlas en un contexto. En algunas obras favorece los métodos y las técnicas de las primeras vanguardias del siglo XX —dadaísmo y surrealismo—, tan apreciados por los artistas visuales contemporáneos, y mezcla instintivamente dibujo y color con collage y escritura superpuesta, o interviene figuras prediseñadas y recuperadas. Así, el artista utiliza anuncios encontrados en periódicos o noticias sensacionalistas de crímenes y los convierte en tramas secundarias insertas en su propia autobiografía.

Starsky Brines puede entenderse como un artista que utiliza el dibujo para captar y esclarecer su mundo interior. En nuestra era digital, su oficio no se disuelve en una pantalla de computadora. Una compulsión por dibujar siguiendo procesos de pensamiento semiautomáticos parece impulsarlo constantemente. Esto puede explicar la extraordinaria amplitud de su obra. Brines acumula toda clase de dibujos y todos y cada uno de sus proyectos: montones de hojas que se remiten y reflejan entre sí, aunque son perfectamente distintas unas de otras; una confesión dibujada de diversas maneras para que el espectador la analice mientras disfruta de cada dibujo y de sus particularidades. Brines dice que mediante su trabajo «procura situar al espectador en el cruce de lo privado y lo público, entre nuestras sombras más sombrías y la falsa felicidad que nuestra cultura contemporánea se empeña en vendernos. [Estas obras] se nutren del empuje y el impulso de la sociedad. Al distorsionar las formas, rediseño lo humano para configurar un bestiario zoomórfico relacionado con la memoria y el recuerdo». Y añade, de manera significativa, que entiende la memoria como «un medio para conectar con el espectador, ofreciéndole un encuentro entre pasado y presente a través del cual participar, de forma lúdica, en una intimidad fugaz con los aspectos trágicos y absurdos de nuestras sociedades en quiebra».

Texto de presentación · Starsky Brines

En un universo de afinidades electivas.

Este libro es para mí, antes que nada, un gozo del oficio.

La «colaboración» entre artistas siempre es un disfrute, una herramienta de comprensión y entendimiento, que ayuda el fluir de las ideas y las imágenes, y permite un ejercicio de encuentros inesperados, donde el imaginario y el proceso creativo pueden contrastar distintas ideas y maneras de ver, para que converjan en un espacio que escapa a la autoría, sin perder el sentido de pertenencia de cada universo individual. También en un amplio sentido, ha sido un desahogo a los archivos fotográficos de mis pinturas y dibujos, que consiguieron gracias al ejercicio y a la mirada de Ricardo Báez, desarrollar un diálogo elocuente, evidenciando convergencias visuales a través de nuevas lecturas sobre mi obra, armando un gran universo donde el acontecimiento visual es una fiesta del diseño gráfico y sus texturas.

Esta afortunada construcción, por contar con más de dos ojos y dos manos para edificarse, es un buen ejemplo de esas causalidades universales, de esas afinidades electivas como diría Goethe, que a veces suceden —coincidir por breves momentos con otro creador— y poder dejar fluir la mirada compartida, con nuevas apariciones y nuevos diálogos, que nos permiten acercarnos a nosotros mismos, con mirada renovada, y que bajo otras manos y otro pulso, se enriquecen favoreciendo la armadura de nuevas soluciones. Esta dinámica de vinculaciones entre textos y códigos, esta existencia de múltiples superficies, contiene una carga simbólica que se extiende de manera amorosa hacia el vidente, es decir, al lector-mirada, proponiéndole esta aventura entre universos, cuya intensidad de tejido intertextual propone un inmenso collage de presencias, creando una especie de «paisaje» escenográfico, donde los dos artistas presentes, nos desnudamos y vestimos nuestros sueños, nuestros disfraces, nuestros fuegos, en un libro-flecha lanzado al vasto y amplio universo del corazón.

Starsky Brines. Caracas, junio de 2016.

Entrevistas

No es que de donde vengo sea especial; la infancia lo hace especial

Starsky Brines ·
Luster · noviembre / November 2016

Transcripción completa de los cuatro apartados de la página dedicada a Starsky Brines. Original español y traducción al inglés de archivo. Se conserva el contexto histórico del testimonio. El PDF del ejemplar original permanece disponible.

I

En tanto que me criaron en Maturín y toda mi infancia transcurrió en esa zona, salvo las largas vacaciones en Caracas, diría que el oriente venezolano es mágico, festivo, alegre y de fácil enamoramiento porque las personas te hacen parte de su familia con gran calidez humana. Oriente también es paisaje, llanos, ríos, espantos y duendes, todo un imaginario que acompaña a las personas que vivimos allí.

II

Al hablar de paisajes, los de Maturín fueron los primeros temas de mis incipientes pinturas. Seguramente la luz de Monagas podría explicar, en parte, la selección de mi paleta. En carnaval la ciudad se transformaba totalmente; mi mamá era la encargada de hacer una gran cantidad de disfraces, tanto a comparsas como a nosotros y vecinos y familiares, y yo siempre fui su maniquí de confianza. (Risas). Así que los payasos y el fiestón estaban a la orden del día. Hoy día se hace evidente que estas experiencias sostienen parte esencial de mi pintura.

III

Recuerdo un día que me tropecé con un elefante en una avenida; fue muy loca la situación pero indudablemente también fue un momento mágico y siniestro.

IV

En el Parque Expositivo Chucho Palacios y su Feria de San Simón, una vez mi mamá alquiló un kiosco para vender sus manualidades; entre ellas tenía unos simpáticos monstricos. Estando en el kiosco, ayudándola, noté que un pintor se colocó en el piso, justo al lado, ofreciendo cortezas de árboles y espejitos pintados; me le acerqué y tuvo la apertura de mostrarme lo que hacía. Con amabilidad me obsequió una de las cortezas para que la pintara… él fue un gran impulso para mí. Recuerdo que quedé con la inquietud y me inscribieron en la escuela de pintura. Un día, inesperadamente, recibí su visita en la escuela de arte. Para mí fue algo extraordinario. Ojalá que él (Antonio) pueda leer esto y saber que su gesto fue determinante en mi vida.

2015

Entrevistas

Quiero mostrar imágenes honestas, que hagan gozar y que duelan a la vez

Javier Díaz-Guardiola / Starsky Brines ·
GBG Ediciones / Archivo del artista

Entrevista, versión definitiva remitida a GBG Ediciones el 28 de abril de 2015. Incluida en el libro publicado en 2016. Versión inglesa facilitada por la editorial en junio de 2015.

No es en absoluto una pintura fácil. Las apariencias, una vez más nos vuelven a engañar. Son muchas las influencias; las capas que se van solapando unas con otras; los trazos; los mensajes más o menos encriptados. A modo de diario, el trabajo de Starsky Brines (Caracas, Venezuela, 1977) va dando cuenta de lo que le rodea, lo que le afecta y lo que le seduce; lo que es necesario denunciar y también lo que es digno de loa. Desde el lienzo blanco o la fotografía intervenida; desde el grabado (que está empezando a utilizar) o la imagen bidimensional; desde el cromatismo que bebe de su Caribe natal y que todo lo impregna, como los olores, hasta el blanco y negro lleno de posibilidades y que también tienen el poder suficiente de atrapar al espectador. Así es el universo de este joven artista, que aquí queda condensado y desmenuzado.

Starsky, ¿qué te llevó a dedicarte al arte?

Después de una infancia rodeado de animales y la exuberante naturaleza de los llanos orientales de Venezuela, de compartir la vida con las manualidades de mi madre y una cierta precariedad económica asumida con mucho humor en su momento, que de una forma u otra deja huella al transcurrir el tiempo, una infancia llena de libertad y aventuras, pero con conflictos y desavenencias, como toda vida, y luego mi traslado a la capital de la república, hicieron terreno fértil para mi labor como artista. Se despertó en mí una clara inconformidad por los cambios repentinos originados por la ciudad. Esto me condujo a intentar transcribir mis emociones en imágenes. Es un asunto de identidad y de pertenencia lo que me conduce a volcar mi visceralidad en la pintura. Pero no existe una razón concreta: son un cúmulo de situaciones las que conspiraron para que me sumergiera en esta técnica. Ver emerger cosas maravillosas de las telas, del fieltro; ver envases de desechos convertirse en muñecos en las manos de mi mamá me impresionaba mucho, y creo que fue determinante para mi decisión de ser artista.

En todo caso, siempre quise ser pintor, y desde esa posibilidad me fui desarrollando. Pinté siempre. Al parecer el medio lo escoge a uno. Y entre una experiencia y otra, llega la edad de buscar lo que se hará en la vida, y, por diversas circunstancias, se me fue abriendo la posibilidad real de hacer del arte mi modo de vida. En una ocasión, una amiga me comentó que el maestro venezolano Jesús Soto, uno de los mayores exponentes del arte cinético, necesitaba un asistente de taller. Tomé el empleo y en ese momento entendí que el arte sería mi vida. Las posibilidades reales de un trabajador del arte se me redimensionaron y, en los días de oficio en ese grandioso taller, decidí inscribirme en la escuela de artes.

¿Cuáles son hoy tus intereses como artista?

Entiendo el arte como un trabajo abierto a la especulación y al goce estético, que no simula su condición de pintura y elementalidad, figurativo y abierto a las posibilidades que me brindan mi tiempo y mi entorno; hecho de materia pictórica que invita a ser recorrida; compuesto de colores, de manchas y líneas que permiten encuentros con una realidad exacerbada y amplificada hasta la distorsión para evocar situaciones que la cotidianidad y el dinamismo propio de la ciudad nos oculta.

Hablas de pintura, pero el dibujo es la base de tu obra.

El dibujo es un elemento puntual en mi propuesta: abre los espacios y me permite dinamizar la composición que se desarrolla en un caos organizado, donde interactúan distintas realidades al unísono. Se pueden descifrar frases y comentarios en un palimpsesto de posibilidades visuales, citas de la cotidianidad. Porque la mía es una pintura que proviene de la pintura, del oficio y la persistencia. Siempre me ha seducido la idea de decir más con menos, lograr comunicar con lo que se tiene a mano. Lograr hacer vibrar las tripas del otro, con un dibujo hecho a lápiz y un papel, con un gesto que contenga vida y conecte al espectador. Busco conmover desde un hacer manual que no intente simular otra cosa. Eso me interesa, y que las personas puedan disfrutar de la naturalidad de un gesto y regocijarse en la belleza de las cosas simples y cotidianas, que pueden llegar a ser complejas y profundas, sin que ello limite la provocación, irreverencia y denuncia que el arte debe poseer. Quiero mostrar imágenes honestas, que hagan gozar y que duelan a la vez. Intento evocar la transitoriedad de la existencia y la fragilidad de la vida.

Esa vida cotidiana a la que te refieres es la que destilan tus títulos.

¿Cómo se convierte una frase como “Nuestras vidas son venganzas y mentiras” (2009), “El aire fresco me choca en la cara” (2009), “Si tanto te duele ríe como cerdo” (2009) o “¿Qué importa dónde pises?” (2009) en un trabajo artístico?

Al usarlas como títulos de mis obras, crean un cambio en la percepción de la imagen pintada y son el cierre del proceso plástico. Las frases crean una mayor posibilidad de relación y vuelven más polisémicas las imágenes, de modo que la percepción no sea literal. Aportan un componente lúdico para jugar con la relación entre ideas y conceptos, creando así una doble distorsión de la vida real. Como diría Hockney, parece una contradicción pero no lo es, pues, colocar estas frases como títulos, que para mí son en sí mismas potentes imágenes, crean otra mayor ampliada con una finalidad ondulante, multirreferencial. Podemos tener entonces situaciones absurdas que enriquecen el discurso de la pintura y que terminan por ser consumidas por el espectador dentro de la verosimilitud de la imagen.

Es difícil para mí decidir cuál de estas frases me llaman más la atención. Son como un contrasentido, absurdas, y eso, inevitablemente, me seduce.

El protagonismo de la figura humana es inevitable en tus pinturas, una figura que tiende a metamorfosearse con lo animal.

En un principio, fue la consecuencia de intentar explicar y evocar mi realidad, la ecuación provincia-metrópolis, con toda la simbología que pueda surgir de ello. Hoy diría que se trata del ser humano como eje central de mi pintura, que se metamorfosea en una suerte de ser múltiple. Ello quizás responde a una idea de humano mutante, que es animal, que es humano, muy humano, asesino y victima a la vez. Creo que es un retrato de la raza humana llena de prejuicios y de arquetipos. El mundo animal siempre ha sido fuente de pensamiento y, sobre todo, de misterio. Es esa cosa que no tiene concepto, pero está en nosotros y de un momento a otro puede revelársenos y hacernos los seres más crueles de la tierra; y, al mismo tiempo, amar, llorar y sentir profunda compasión.

Eso, al final, los convierte en retratos de uno mismo.

Así es. Siento que lo que veo alrededor es el retrato de mí mismo en otras circunstancias. Que lo que causa conmoción en mí como para llevarlo a la tela es una imagen de lo que puedo ser, de lo que pude ser y de lo que soy: espectador y actor, estímulo y estimulante.

Dice su galerista española que cualquier cosa le influye, desde una conversación en la calle hasta una visita al Museo del Prado. ¿Cómo se consigue entonces mantener un estilo unitario o coherente cuando las fuentes son tan variadas?

Esa es una actitud frente a la vida. He aprendido a usar todo lo que está a mi alcance. Mi obra está abierta al devenir; pretendo no encerrarme en una imagen, desarrollar los proyectos que la vida me va presentando. Pero para que algo tan abierto logre tener consecuencias, son imprescindibles el ejercicio y la constancia. Intento no ser el mismo siempre, y dejo que las cosas tengan consecuencias en mí, que me afecten, que me hagan mirar distinto. En cada viaje, cada salida de mi casa, exploro y conservo lo que creo necesario para mi pintura. Lo conservo como imagen o como presencia inmanente, como estímulo interno, como pesadilla y miedo, y, en algún momento, esa anotación interna se vuelve imagen.

Para la crítica especializada, tu trabajo pictórico es cada vez más violento o alberga más violencia. ¿Estás de acuerdo?

Aunque en algunos casos mis personajes parezcan jocosos, en el fondo de las obras se mueve algo oscuro, como en la vida. Es parte de la antigua batalla entre el bien y el mal. En mis telas nadie es realmente malo… Ni realmente bueno. Todos conviven en la lucha diaria por la supervivencia, y, mientras tanto, se enamoran, discuten, andan o posan. El tema de la violencia está presente en mí por el miedo y la soledad vivida en ciertos momentos de mi vida. Con el arte, entre otras cosas, aprendí a usar ese sentimiento en mi favor. Me ha servido para curar y para aceptar lo que soy.

Cuando se está en la provincia, no es difícil enfrentarse a la muerte y a la violencia. Por ejemplo, uno cría animales, siente afecto por ellos y luego los sacrifica y se los come. Ver cómo se transforman en alimento dejan perturbado a cualquier niño. Estas vivencias me permitieron de pequeño tomar cierta distancia, que, paradójicamente, hicieron posible un acercamiento con la muerte y la violencia, para luego, de adulto, entender que forman parte de la vida y dejar que se filtren en lo que hago. Junto a esto, están todas la extraordinarias fábulas y cuentos de fantasmas y brujas que viven en el imaginario provincial de Venezuela, que se traducen en una forma de violencia basada en el miedo y que para un niño no es juego. Cuando de pequeño visitábamos a mi familia en Caracas, vivimos en varias oportunidades enfrentamientos entre bandas, fuego cruzado. Y ya al vivir allí, eso se volvió de alguna manera en cotidianidad. No puedo decir que se trata de lo que sucede en este momento en el país, pero sí puedo dar fe que el asunto de la violencia se ha radicalizado. Y tienes que aprender a lidiar con la tensión que causa. Te convences de que todo es propenso a volverse en tu contra en cualquier momento. En mi país, el problema requiere acciones, requiere compromiso de parte de los ciudadanos. Soy artista, pero también un ser humano que anda por mi ciudad, que la vive y la siente, que padece el dolor de ver a gente querida asesinada. Considero que es mi deber denunciar y puntualizar al respecto. De no ser así, no estaría siendo honesto con mi manera de afrontar la pintura.

Tus composiciones son muy caóticas, muy viscerales, acumulativas… ¿Cómo comienzan y, sobre todo, cómo sabes que ya están acabadas?

Empiezan con una suerte de meditación dinámica frente al soporte, moviendo mi mente y mi cuerpo de un lugar otro. Tal vez busco alguna imagen que sirva de detonante, música de fondo y mucha adrenalina, hasta que empiezo a manchar la tela, sincronizando mi cuerpo y mi mente. Se emprende así la lucha plástica, la lucha con las ideas, con los avances anteriores, que quizás no funcionen en una nueva tela. Es un proceso de tensiones, de acercar y alejar las imágenes; de veladuras de signos y símbolos, donde todos quieren gritar al mismo tiempo. Entonces negocio con ellos hasta que se va logrando algún equilibrio. Estos van acomodándose cada uno en su justo lugar. Así es cómo empieza a bajar la tensión; el tiempo de acción es más corto y me voy distanciando, hasta que veo lo que sucedió. Esto no determina si culminó la obra, pero indica que hay un avance. ¿Cómo terminan? Cuando se ha vomitado todo y ya no hay más espacio. Entonces busco otra tela y todo empieza nuevamente.

Lo destacable también de estas composiciones es que el drama, la tragedia, lo grotesco, lo lúdico y lo irónico se mantienen en el mismo nivel. ¿Por qué es posible este equilibrio?

Esa descripción que propones con referencia a mis imágenes le queda muy bien a la ciudad de Caracas, donde pareciera que todo está ocurriendo a la vez; es una explosión de imágenes anecdóticas, pintorescas, lúdicas y dramáticas. Y me gusta pensar que mi pintura responde a esa manera de existir: tal vez es una capacidad de traslación de lo real al soporte, entender observando y analizar en la imagen ya elaborada. Como la fotografía que roba una supuesta realidad y la vuelve otra cosa, pero totalmente ligada la una a la otra. Es difícil entenderlo, pero extrañamente mantenemos el equilibrio.

¿A qué responde tu cromatismo, tan vibrante? ¿Es una manera de atrapar al espectador?

Creo que corresponde a la luz en Venezuela, que hace que todo brille y que además vibre. Los colores son intensos y Caracas es una ciudad repleta de colores. Estamos acostumbrados a usarlos en el vestido, en los accesorios. Este es un país tropical, lleno de frutas, de cielo azul, de fiesta, de carnavales y, en ese sentido, eso forma parte mi identidad. Al espectador lo atrapa inevitablemente, pero primero es una característica de mi entorno y luego de mis pinturas. Tengo otro cuerpo de trabajo titulado Bestiario urbano, donde no uso color. En todo caso, creo que al espectador se le puede atrapar con blanco y negro. El acercamiento con el espectador corresponde otra cosa.

Una parte de tu trabajo se basa en dibujos y lienzos en los que partes desde cero, pero también hay que tener en cuenta esas obras en las que la base son fotografías ya existentes o páginas de diarios. Supongo que la forma de proceder en uno y otro caso es diferente. ¿Qué las diferencia y qué las asemeja?

Cuando existe una imagen preestablecida, comienzas a partir de esa imagen y ella te va dando datos para crear un diálogo, buscar interferencias y relaciones, ya sea en una fotografía o la página de un diario, debido a que ambos soportes poseen características gráficas puntuales y, en muchos casos, provistos de textos que enriquecen o que, por el contrario, son muy determinantes. Son distintas formas de enfrentarse al hecho plástico. Lo que las diferencia, en mi caso, es que cuando me confronto con el blanco del soporte hay un silencio, un tiempo de introspección, un poco más interno quizás. La tela te lleva a pensar, a divagar en situaciones. Cuando ya existe una imagen preestablecida, esta te interroga y te obliga a pensar en ella. A partir de allí empieza la acción. Diría que son como dos tiempos: uno es más íntimo, y el otro, por el contrario, apunta a lo colectivo y lo social. Pero, posiblemente no siempre sea de esta manera: últimamente, en mis composiciones que parten de cero se deja ver la influencia de mis pinturas sobre diarios, como en la serie No happy ends. Porque nada esta inmóvil, ni determinado; todo está íntimamente relacionado.

Releyendo de nuevo los títulos… ¿No has pensado nunca en dedicarte a la escritura?

Sí he pensado en escribir... pero dedicarme a la escritura… No sé. Tal vez la pintura es muy celosa y no me deja tiempo suficiente para tomármelo en serio, aunque he compuesto algunos textos para mis amigos artistas y alguna que otra crónica sobre la violencia. En ocasiones me gusta, y llego a apasionarme, pero la pintura exige mucho tiempo y yo estoy encantado en dedicárselo.

Una obra que bebe tanto de las vivencias personales y del entorno, ¿cambiaría de forma radical si en algún momento abandonaras Caracas?

No creo. Lo que tengo de Caracas ya está en mí y donde esté se va reflejar ese sentir caraqueño. Además, cada ciudad tiene sus particularidades y coincidencias con otras. Seguramente buscaré la esencia de lo que hago donde quiera que me encuentre. La identidad y la memoria existe en todas partes, y eso me interesa. Y lo que me pudiera estar sucediendo de modo sensible y afectivo hallaría discursos que me permitirían emprender nuevos proyectos y propuestas plásticas, tendiendo puentes con lo que soy, con lo que esté viviendo en ese momento determinado. La ciudad de Caracas no me limita. Creo que, al contrario, me ha enseñado a desenvolverme con lo que tengo.

¿Tienes ya definidas cuáles serán tus próximas metas?

Siempre estoy replanteándome y reorganizando mi pintura. Estoy usando materiales muy convencionales que había dejado a un lado, como el óleo. Quiero imprimir mayor riqueza plástica, mayor profundidad y luz a las imágenes, y el óleo es ideal pare ello. Luego sigo experimentando con la fotografía. Ahora estoy tomando fotos, ya no interviniendo las fotografías de otros, sino planteándome una escenografía en correspondencia con la estética que he venido tratando en el proyecto Bestiario urbano. Recreo espacios, tratando de conseguir una correspondencia con mi pintura, colocando modelos y experimentado con la luz, y luego vuelvo a intervenir la fotografía con pintura. También estoy realizando gráficas, gracias a la invitación de una importante colección que tiene un proyecto puntual sobre este medio, y eso me ha permitido albergar nuevas ideas y posibilidades de investigación.

2013

2012

Textos críticos

Lenguajes en papel 2012

Mireia A. Puigventós ·
Artecontexto

Crítica de la exposición colectiva en Galería Fernando Pradilla, Madrid. Original bilingüe, pp. 120-121, con reproducción de una obra de Starsky Brines.

Mireia A. Puigventós analiza el papel como soporte de experimentación y las distintas aproximaciones de los artistas de la exposición. El apartado dedicado a Starsky Brines aborda sus seres antropomórficos, el humor y las manifestaciones de lo siniestro. El PDF conserva la crítica original en español e inglés.

2011

Textos críticos

Pintón pasado, pintura fresca

María Elena Ramos ·
GBG Arts, Caracas

Síntesis editorial del texto curatorial, noviembre de 2011. Exposición: 24 de noviembre de 2011–12 de febrero de 2012. La edición del libro es de 2015.

Ramos revisa la maduración de cinco pintores vinculados al proyecto Pintón de 2005. En Brines observa figuras ambiguas y tensiones entre humor, miedo y tragedia. El texto permite situar su investigación dentro de una generación y una trayectoria compartida.

2010

Textos críticos

Bestiario

Félix Suazo ·
Archivo del artista

Texto conservado en el archivo del artista.

Starsky Brines. Bestiario Por Felix Suazo

“Ya no eres lino, plano humilde, tela” Rafael Alberti En su declinación actual, el trabajo de Starsky Brines (Caracas, 1977) concatena de manera paradójica distintos medios como la fotografía, la pintura y el dibujo. En este caso, las imágenes son apropiadas de publicaciones impresas y material promocional de la industria cinematográfica, para luego ser intervenidas, digitalizadas y copiadas. Después de esta metamorfosis inicial, los motivos seleccionados - generalmente rostros y figuras, aunque también escenas interiores y vistas panorámicas- aún pueden sufrir nuevas modificaciones, de tal suerte que el proceso de reproductividad técnica conduce a la obtención de una pieza única, en lugar de múltiples ejemplares. La cuestión se complica tan pronto el observador se percata de que algunos de los registros “originales” corresponden a estrellas del mundo fílmico, aún cuando sus caras han sido borroneadas o literalmente garabateadas. Esta, por cierto, es una práctica similar a la de sabotear los afiches callejeros, colocándole bigotes a las modelos publicitarias, alargándole la nariz a los candidatos electorales o borrándole la sonrisa los ídolos corporativos. Son retratos deformes, con rasgos incongruentes (cachos, hocicos, alas), cuya identidad queda oculta o parcialmente visible en un palimpsesto de líneas y manchas. Hay en estas obras una presunción narrativa, efecto inducido por el aprovechamiento de las leyendas de las imágenes apropiadas y reforzado con el empleo de anotaciones y grafías esporádicas. De esta manera, los personajes de Brines parecen habitar en un universo aparte, escindidos de su entorno inmediato e inmersos en un acontecer que sólo ellos conocen. Sus historias transcurren en un limbo espacio-temporal, gobernado por pulsiones extremas que fluctúan entre la comicidad y el drama. No obstante la fuerte restricción del elemento cromático – apenas limitado al negro, el blanco y unos pocos matices - , la lógica del discurso pictórico mantiene su impronta expresiva, subvirtiendo la fidelidad especular de la representación fotográfica. Allí, en ese juego de tachaduras y apariciones absurdas, el instinto prevalece sobre las apariencias. En consecuencia, los atributos y significados de las imágenes subyacentes quedan a merced de las pinceladas y los trazos, mientras el ojo –esa máquina de discriminación sensible- se regodea en el espesor virtual de la superficie, intentando descifrar el sentido de las formas. Al final, eso de manchar o rayar fotografías ajenas, tiene una doble connotación. Por un lado, puede ser entendido como un ejercicio de demolición simbólica del significante; por el otro, puede asumirse como la manifestación prolongada del gesto configurante. En ambos casos, sin embargo, las consecuencias recaen sobre la imagen, ese reducto seminal donde cohabitan en prolongada tensión la certidumbre y la duda. Frente a esa disyuntiva, los trabajos de Brines desembocan en otra pregunta nunca resuelta: ¿hombres o bestias? Caracas, septiembre de 2010

2009

Entrevistas

La generación que pinta / La generación del lienzo

José Roberto Coppola ·
Todo en Domingo · El Nacional

Introducción y apartado dedicado a Starsky Brines. La selección de cinco pintores se realizó mediante consulta a 30 especialistas. Transcripción del archivo del artista; traducción al inglés preparada para esta edición.

La generación del lienzo
Tienen menos de 40 años. Y pertenecen a una talentosa camada de artistas venezolanos que apuestan por los lienzos. Todo en Domingo consultó a un consejo integrado por 30 reputados conocedores de arte curadores, críticos, restauradores, investigadores y galeristas para que dieran los nombres de los cinco con mayor proyección. Desde sus talleres hablan los elegidos por mayoría sobre las huellas imperecederas de sus pinceladas

José Roberto Coppola
Fotografías: Julio Osorio

El espionaje de una tropa de amigos imaginarios
Starsky Brines · (32 años, Caracas)
Nunca está solo en el taller. El lugar tampoco se queda solo cuando él se va. En los lienzos en la pared, en los pequeños cuadros apilados en los estantes, en las hojas pintadas y perdidas debajo de muchos peroles, están sus guardianes, esos personajes siniestros y divertidos, peligrosos y cándidos, que son sus compañeros, sus salvadores, sus confesores, pero sobre todo sus amigos. En su taller, el pintor Starsky Brines saca un cuaderno donde escribió una frase y la lee: "Son mi ejército protector que creé como un escudo impenetrable y que hoy de adulto siguen a mi lado confrontando la vida juntos". Cuenta que hace poco asumió y entendió quiénes eran ellos. Como si le revelaran finalmente el gran secreto. "Todavía estoy descubriendo qué y quiénes son. En circunstancias personales me llevan a reflexiones más profundas. Pero estoy consciente de que vienen de una infancia solitaria". Pero nunca estuvo solo aunque así lo creyera.

El piso está lleno de los rastros de muchas de sus obras, en el taller hay potes llenos de pintura desordenados. Los lienzos que cuelgan en la pared muestran, con trazos agresivos como navajazos, a los amigos de Brines, esos que él llama "la hibridación de la bestia y el hombre". Son personajes que parecieran salidos de la pantalla de un televisor que sólo existe en su mente. Un mestizaje de seres urbanos con dibujos animados. "El resultado te conecta con un `yo’ niño", cuenta el pintor que se crió en Maturín, aunque nació en Caracas, se formó en la Armando Reverón y en 2005 obtuvo el segundo lugar del VIII Salón Cantv de Jóvenes con FIA. Aclara que su trabajo no es arte infantil. "Para mí son autorretratos del ser humano con sus conflictos del estar". Como el reflejo de muchas almas y sus propias diatribas. "A veces uno se parece a eso y eso te `jurunga’. En mis pinturas hay un humor negro, pero no es literal".

"Cuando empiezo a pintar, mancho, estoy en un estado meditativo, me aquieto, entro en trance, siento el touch y acciono. A veces me gusta jugar con el accidente, buscando manchar la tela, voltearla, conectarla con los colores. Hay una pintura, una materia y me conecto con eso". Así, aborda los lienzos que puede pintar desde el piso o la pared con trazos largos, chorreando colores, lanzando pinceladas. Brines habla y se le diluye la mirada por esa "relación total con todo" que deja en la pintura. "Cuando pinto no es tanto pensar, es sentir dentro de la pintura.. Es muy difícil pensar. Cuando pinto es magia, pierdo el tiempo si pienso. La pintura te hace vivir con todos los sentidos". Y salen los personajes de Brines que desde el lienzo te miran, te retan, te confrontan. "Son mis amigos imaginarios que me creé como una barrera protectora y que me han ayudado a llevar mi vida".
¿HA LLORADO MIENTRAS PINTA UN CUADRO?
"He pintado llorando, pero no he llorado con mis pinturas. En la pintura trato de dejarlo todo, de desprenderme de cosas y estar el otro día sin eso. Intento seguir mi vida sin muchas de esas cosas que dejé".

Nota del archivo: se reproduce la introducción y el apartado dedicado a Starsky Brines conservados en el archivo del artista. No es el reportaje íntegro sobre los cinco pintores.

Textos críticos

Como si fuera un juego

Lorena González ·
Archivo del artista

Texto enviado por Lorena González el 16 de noviembre de 2009. Original conservado en el archivo del artista.

Como si fuera un juego…

(…) si el poeta aparenta situarse en el terreno de la realidad común (…) adopta entonces todas las condiciones que en la vida real rigen la aparición de lo siniestro, y cuanto en las vivencias tenga ese carácter también lo tendrá en la ficción. (…) En cierta manera, nos libra entonces a nuestra superstición, que habíamos creído superada; nos engaña al prometernos la realidad vulgar, para salirse luego de ella. Reaccionamos ante sus ficciones como lo haríamos a nuestras propias vivencias; una vez que nos damos cuenta de la mixtificación, ya es demasiado tarde, pues el poeta ha logrado su objeto (…) Sigmund Freud

Según Sigmund Freud, en el estudio que realiza sobre las diversas manifestaciones de “lo siniestro” a partir del análisis del cuento El hombre de Arena de E.T.A. Hoffman, este estado vendría a ser una especie de fenómeno que afecta y extraña a las cosas conocidas y familiares desde tiempo atrás, a esos elementos que hemos abandonado y cuyos impulsos emotivos han sido represados en el transcurso de nuestra existencia. Estas piezas ocultas del sí mismo son transformadas por la represión en angustia, con lo cual se aglomeran; tienden a retornar hasta nosotros repentinamente para desestabilizar todo aquello que creíamos superado. La concreción o aparición de lo siniestro en la obra de arte tiene que ver para el psicoanalista, con las capacidades del poeta para ubicarse en el terreno de la realidad común y deslizar esos rasgos desde lo cotidiano hasta la ficción, asentando los pasos de un desplazamiento que posteriormente se repetirá en la experiencia del espectador. En el caso de Starsky Brines, podría decirse que es justamente este mecanismo uno de los puntos centrales de su propuesta pictórica; sus ambigüos personajes, tanto en los dibujos como en las telas, se presentan ante nosotros como si pertenecieran a un mundo por todos conocido que repentinamente es desajustado por la intervención del artista. Extrañas presencias, muñecos sombríos, seres mitad animales y mitad hombres, mujeres ambigüas, niños risueños, bestias sutiles, textos, poemas, grafías y objetos, están constantemente transitando por esta calle de doble sentido que desarrolla en sus piezas: una cartografía fantástica donde lo extraño y lo familiar se solapan, haciendo surgir figuras tan cercanas como ajenas. Para Brines, este mundo es una población infinita muy particular, un bestiario urbano tan íntimo como colectivo que viene colecionando desde hace muchos años y que parece asaltarle constantemente. En las imágenes de su producción artística respiran los restos personales de una memoria que se desplaza desde la muñequería y los recuerdos de la infancia, hasta pasar por la cultura del comics y la iconografía caracterísica de los massmedia: símbolos, esterotipos, momentos, formas y relaciones que también sabemos cercanas porque conforman el día a día de nuestra compulsiva vida contemporánea. En su propuesta, los formatos, la técnica y los materiales de trabajo recrudecen estos desvíos visuales, cada figura funciona como un conjunto de fragmentos, de sugerencias, de gestos que se concretarán en los lugares ocultos del propio espectador. A través del despliegue de este cúmulo de quiebres formales y conceptuales que no sólo inspiran la aparición de sus personajes sino que conforman el movimiento de cada trazo sobre la tela, el artista finalmente nos confronta con un mundo donde, como diría Freud, lo extraño, lo raro, lo desplazado, repentinamente se afirma y se celebra… Casi como si fuera un juego, abre paso a la presencia de lo siniestro: obras que se deconstruyen por instantes para luego reanimarse, piezas que desbordan historias públicas y privadas, fracturas visuales que fluctúan entre los destellos fantasmales de una trama subterránea, persistencia de una vía perdida donde el artista, expulsando y reciclando sus propios temores, nos entrega una verdad oculta de la que todos formamos parte.

Lorena González

Textos críticos

Invasiones en el espacio

Lorena González ·
Galería Artepuy, Caracas

Texto curatorial de la exposición del 25 de octubre al 29 de noviembre de 2009. Original conservado en el archivo del artista.

En momentos en que la vocación profética del arte prácticamente ha desaparecido y cuando lo uniforme amenaza con imponerse, surgen una serie de jóvenes pintores que renuevan la fe en la pintura, en la creación pictórica, en el espíritu de libertad. Esto es lo mejor que puede suceder a una sociedad quebrada. Juan Carlos Palenzuela

Con estas palabras terminaba Juan Carlos Palenzuela su texto sobre la obra del pintor Starsky Brines, a propósito de la primera individual que el artista realizó en el año 2006, en la hoy físicamente desaparecida Galería Spacio-Zero. Desde entonces han pasado tres años. La obra de Brines continúa sus batallas en medio de una sociedad tan quebrada, disímil, heteróclita e impredecible como a la que hacía referencia el crítico, también desaparecido. Sin embargo, estos convulsos territorios no son en ningún caso un obstáculo para el artista; al contrario, son justamente estos vericuetos de lo árido y lo difícil el punto donde concentra su atención, lugar movedizo en el que estallan y se materializan la gran cantidad de acontecimientos que acuden a “la hora” de su pintura: seres extraños, mezclados, fantásticos; trazos incisivos, lúdicos, vaporosos; siluetas sugestivas, referencias culturales y apropiaciones simbólicas que remiten a un bestiario infantil, irónico, propio… un bestiario tan personal como colectivo.

En la obra de Starsky Brines siempre han convivido personajes y sentimientos difíciles de compartir, presencias invasoras que como ruinas de nuestra movediza cultura visual, saltan desde la tela, despiertan en la intimidad, se agitan en el recuerdo. En este juego pictórico las iconografías robadas son transmutadas: imágenes de revistas, carátulas de discos intervenidas, siluetas de obras célebres, muestrarios de telas, escombros visuales, palabras, fragmentos, gestos, letras y signos que invaden repentinamente el espacio del papel, la solemnidad del lienzo.

Normalmente, tan sólo tenemos una versión de este recorrido, aquélla a la que nos convoca el encuentro final con la obra del artista. Sin embargo, para esta exposición hemos querido multiplicar las redes de esta experiencia, trastocarla, hacerla evidente. En una ciudad tan variable y difusa como la que vivimos en nuestros días, el artista decidió traer su taller a la sala de exhibición, invadir el espacio de la galería mientras él, invadido por sus personajes y durante la semana previa a la inauguración, se instaura en los soportes del entorno (vidrios, muros, papel, telas, pisos, paredes) produciendo in situ el trabajo exhibido. Del mismo modo, el fotógrafo Rafael Serrano lo acompaña; con su cámara invade también el recorrido de Brines, interpreta la acción del pintor, lo traduce; registra las temperaturas del proceso para revelar con sus imágenes las secuencias ocultas de esa gramática particular del acto de pintar, suspendiendo de algún modo “eso” que sólo respira en la soledad del taller. Es así como ambos se entrelazan en la acción performántica de uno trabajando frente al otro: cuerpos físicos invadidos por el trance de un camino irrepetible, obras que se despliegan en medio -y a partir- de las poderosas uniformidades, de los quiebres particulares, de las sostenidas desapariciones de nuestro mundo tecno-global.

Entrevistas

Sobre las imágenes heredadas y la máscara

María Elena Ramos / Starsky Brines ·
Archivo del artista

Fragmento de entrevista, 2009. Título descriptivo de esta edición; se conserva la pregunta y la respuesta del documento original.

-Dos obras, entre las que me enviaste, tienen una existencia distinta del todo. Son En el patio de las apariciones y La mirona insistente. Sólo hay una afinidad con los personajes de otras obras por sus narices rojas y apayasadas, pero en estos dos casos esto aparece más bien como un disfraz superpuesto, incluso con el hilito visible que señala la idea de “máscara”. Dos cosas saltan a la vista: -El interpretar obras y cánones del pasado, con esa mezcla de bodegón y de retrato, cono cierta iconografía realista y a la vez una ordenación del espacio simbólico. -El intervenir esos cánones, burlando un tanto los antiguos ideales de belleza.

¿Son esas dos obras aisladas o son parte de una serie más amplia? Ahonda, por favor, un poco en los puntos que antes señalo que me saltan a la vista.

No me propuse burlar los cánones de belleza de la época en que fue realizada, ha sido un encuentro. Me he relacionado con obras clásicas de manera distinta a la contemplación pasiva, he buscado una forma de acción que me permite un acercamiento práctico a esa mirada del creador original, en todo caso no rechazo la licencia que la contemporaneidad me permite, me agrada que se dé ese tipo de lecturas, esto habla de la vitalidad de las imágenes, busco crear otras lecturas partiendo de imágenes que nos pertenecen. Siempre me ha cautivado la idea de intervenir, de apoderarme de una imagen y con la niña del arete de perlas de Vermeer creo que sucedió lo contrario, ella se apoderó de mí y un día no me aguanté y la pinté en un intento de descubrir parte de su misterio, en ese momento ya venía trabajando con los puntos rojos y las imágenes zoomórficas, al tener la imagen terminada no me quedó otra opción que intervenirla, así nace una serie hasta ahora no muy amplia, donde configuro y trastoco esa belleza aparente por medio de la acción de recursos que provienen del mundo que he venido desarrollando. Quiero ahondar en la idea de máscara de la que usted hace referencia. Como mucho de lo que hago, no fue intencional en un principio lo de la máscara o la narices apayasadas, es consecuencia de una gran curiosidad por ver qué sucede si tal o cual cosa se hace, el asunto es hacerlo patente, en este sentido empiezan a aparecer esta serie de códigos. Primero empecé a pintar unos animales que luego se fueron irguiendo hasta concretarse en esa especie de seres ambiguos, entre comics, payasos y bestias, de ellos desprendo ciertos elementos que presto a estas imágenes antiguas a modo de collage trastocando su identidad, creando una metáfora de nuestro mundo contemporáneo o seamos francos una metáfora del ser humano que siempre se ha ocultado detrás de lo aparente.

Textos críticos

Caso Fortuito

Tania Iglesias ·
Archivo del artista

Texto conservado en el archivo del artista.

GALERÍA FERNANDO PRADILLA

C/ Claudio Coello, 20 – Tel. (34) 91 575 48 04 – fax (34) 91 577 69 07 Madrid 28001 – España

NOTA DE PRENSA Exposición Starsky Brines “Caso Fortuito” 3 de diciembre de 2009 a 9 de enero de 2010

Starsky Brines (Caracas, 1977) presenta su segunda exposición individual en la Galería Fernando Pradilla. Una amplia selección de dibujos y pinturas recientemente producidos por el artista se agrupan en esta muestra que bajo el título “Caso Fortuito” se exhibirá hasta el 9 de enero de 2010.

La obra de Starsky Brines parece desafiar las nociones antropomórficas que tenemos asentadas. El tratamiento plástico al que recurre para crear los seres que habitan sus pinturas impide definir si se trata de animales a los que se les ha atribuido rasgos y cualidades humanas o si es justamente lo contrario. A sus personajes parece obsesionarle una permanente sensación de hibridación y complementariedad, un afán zoomórfico que trasmuta las apariencias y que resulta en una nueva especie: abestiada y humanizada a la vez. Sus criaturas participan de esa identidad dual y complementaria que les fracciona y unifica en una narración de extravagantes historias e insólitas relaciones visuales. Candor y picardía, circunspección e informalidad, reproche y aprobación se abren paso en la interpretación que este joven artista aborda para metamorfosear la cotidianidad.

Con su habitual desenfado plástico, Starsky Brines despliega un mundo de seres y situaciones sorprendentes, en las que el humor, la burla, el sarcasmo o la caricatura le valen para contextualizar el universo de sus pequeños monstruos humanos. Son obras dinámicas y narrativas, de ingeniosos e irónicos títulos, de pinceladas coloristas y vigorosas que estructuran un lenguaje definido por su frescura, por un agudo sentido del humor y por una gran capacidad de síntesis formal.

Starsky Brines es Licenciado en Artes Plásticas por el Instituto Universitario de Estudios Superiores de Artes Plásticas Armando Reverón de Caracas. Desde finales de los años noventa viene presentando su obra en diferentes espacios nacionales e internacionales. Sus trabajos han merecido un amplio reconocimiento, reflejado en las recientes participaciones en ferias y exposiciones internacionales en las que ha cosechado gran éxito y aceptación por parte de crítica y público. Desde que presentara su primera muestra individual en Madrid, su obra se ha abierto un camino en los espacios expositivos europeos, latinoamericanos e internacionales en general, formando parte de exhibiciones colectivas presentadas en ciudades como Basilea, Buenos Aires, Bogotá, Santander, Miami, Madrid, Seúl, entre otras. Asimismo, durante los últimos años sus trabajos han tenido el reconocimiento de diversos premios y menciones, entre los que cabe destacar el Segundo Premio obtenido en el VIII Salón CANTV Jóvenes con FIA: Miradas Abiertas (Caracas, 2005); el Gran Premio Juan Lovera en el XXXIII Salón Municipal de Artes Visuales (Caracas, 2004); la Mención Honorífica en XXIII Salón de Pintura del Ateneo de Carúpano (Sucre, 2003) y el Premio Mejor Pintura en el VII Salón Regional de Jóvenes Artistas. Puerto La Cruz, (Anzoátegui, 2003).

Tania Iglesias Noviembre 2009

2008

Textos críticos

La figuración de Starsky Brines

Bélgica Rodríguez ·
Archivo del artista

Texto conservado en el archivo del artista.

La figuración de Starsky Brines Seres con rostros que muestran su exterior e interior, niños que juegan con una bicicleta, hombres animales u hombres vegetales; ellos, contenidos en el espacio de la nada y del todo, permanecen en el silencio de la piedra que le sirve para identificarse con sigilo; ellos, que están queriendo ser el inicio de algo que va a suceder en un tiempo presente, se instalan en un tiempo mágico, para aparecer en una pintura con raíces en el mundo, con raíces en una realidad real e imaginaria; es la violencia de un cuerpo que desea integrarse a quien, expectante, se le acerca para mover una existencia cargada de las antorchas del guerrero; guerrero que un día tomó la decisión de abandonar el hogar de los padres en una ciudad de provincia, para instalarse en el caos de la gran capital, la Caracas que en afán de hacerse moderna ha quemado sus pasos en el cemento, pero que continúa floreciendo en el verdor de los árboles y la maravillosa atmósfera de la Montaña Mágica que protege a una gente generosa. Rodeado de esta arquitectura urbana que batalla con los grandes árboles que esconden sus fachadas, inició Starsky Brines su camino de artista pintor.

Al explicar su pintura, Starsky Brines comenta que esta expresa imágenes que ha guardado en su memoria, imágenes de varios universos infantiles que desea conciliar con el que le ha tocado como el adulto empeñado en expresarse en la pintura. Mirándola, expresa una extraña alegría envuelta en gritos y atmósferas siniestras, que, paradójicamente, lanzan una dramática interrogación al universo. En su estudio de la historia reciente de la pintura, el joven Starsky descubre las extravagancias de la transvanguardia de los ochenta, la que a su vez se nutrió de la violencia del neoexpresionismo europeo, del grafiti newyorkino y de los murales urbanos de tantas ciudades que muchas veces nos son tan lejanas, pero también de la nueva figuración latinoamericana, con el ejemplo de la pintura de Jacobo Borges en Venezuela o de Luis Felipe Noé y Ernesto Deira en Argentina, para nombrar solo unos pocos. Haciendo de la pintura, como él decreta, y de su amor a la pintura por la pintura misma, una manifestación plástica sujeta a las leyes del crecimiento de la naturaleza humana y de una cierta poética no racional regida por leyes plásticas y humanas. Es su necesidad establecer una relación entre el hombre y su universo, sin que intermedie algún objeto exterior.

Es evidente que en esta pintura, no se pone en tela de juicio la relación imagen y realidad; su figuración personal, desmembrada a fuerza de fuertes trazos y manchas de agresivos colores, crea un realismo violento, que al final es determinado por la manera como él artista selecciona y transpone su visión para ocupar un espacio re-presentacional de esa misma imagen. Es obvio que sobre el soporte, sea papel o tela, ésta cruce con otras su destino. El recurso del color con vida propia, re-potenciado por el impulso figurativo, a veces modulado en transparencias, otras enfatizados por largos y gruesos trazos, lo conduce, plásticamente hablando, a la libertad de la factura, así como a la forma que al final sublimiza por la estridencia cromática, dinámica y elástica, hasta lograr que se transformen sobre el plano. La destreza del artista en hacerlas mover y presentarlas como tangibles a partir de la reconstrucción de la realidad, sea un retrato como en las pinturas La niña de película, mi jeva mixta, por ejemplo o en el juego de niños, Yo que estuve esperando, mirando.

Uno de los temas a abordar en la pintura de Brines, es el concepto de lo bello, bastante ambiguo, puesto que sus imágenes simultáneamente generan ternura y agresividad, igual a otras tendencias donde lo figurativo está fuera de cánones tradicionales de la belleza, además de estar controlado por la sensibilidad del artista y su deseo de acercarse al arte amando a la pintura como si fuera el juego de niños que siempre quiso realizar y ahora tiene la posibilidad de concretarlo con personalidad universal y colectiva. En este sentido, lo que aquí se define por lo figurativo, posee un significado sustentado por experiencias personales, memorias y preocupaciones por el entorno y la influencia que éste ejerce sobre los individuos. La acción gestual de construir esta imagen solo por el color y su fuerza expresiva además de simbólica, el trazo grueso, nervioso, vibrante y hasta violento, conlleva la gran carga significativa que comunica al espectador por su peso visual y los complejos planos compositivos sobre los que la expresa.

Starsky Brines plantea por escrito lo que siente afectivamente y desea conceptualmente con su pintura … Mi pintura se alimenta principalmente del amor que tengo a la acción de pintar, donde involucro recursos como la mancha, la línea y la inmediatez, volviendo todo acción de hacer y percibiendo la materia como un músculo generador de movimiento en sincronía con mi cuerpo, con mis manos, mis pies, mi piel y mi mente, cada parte de mi, en conjunto con la materia, pasa a ser puentes conductores de energía que desembocan en el soporte para dar paso al acontecimiento plástico … declaración que lo involucra en una dirección básicamente gestual-expresionista, además de que los valores plásticos activos asimilan la cualidad temporal de la experiencia existencial en un esquema de duración donde se combinan sueños prácticamente obsesivos con matices violentos en la estructuración de la imagen a partir de la entrega del hombre-artista al hecho creacional con la participación activa de su brazo, su cuerpo, su corazón, comandados en la batalla de las órdenes que envía el cerebro.

Bélgica Rodríguez Caracas, Mayo 2008

2006

Textos críticos

Starsky Brines, la pintura

Juan Carlos Palenzuela ·
Archivo del artista

Texto para la primera exposición individual del artista, Galería Spacio-Zero, 2006.

Starsky Brines, la pintura.

Reciclar tomar de la historia son signos de los tiempos. Starsky Brines es un pintor de una nueva promoción, aquella que irrumpe en 2003 en un salón, es decir, sin manifiesto y sin ninguna algarabía que merezca recordarse, simplemente se acomodaron en un salón donde suelen agolparse docenas d expositores (jóvenes) y, aquella vez, entre tantos, se imponía la afiliación por el sentido de una pintura figurativa, una iconografía urbana, el interés por lo reciclado y lo no discursivo.

Se ha considerado al siglo XX como tiempo de exaltación del caos, de descaros estéticos, de retos a la imaginación y a los sentidos del arte. Que significativo resulta que al principio de un nuevo milenio un artista abra su primera exposición individual con un cuadro recogido del basurero. Cuadro menor, cursi y enorme por si fuera poco. Un paisaje, dato significativo, pretencioso. Debidamente enmarcado y también debidamente pintorreteado. Un cuadro me mezcolanzas, de ironías, de bajezas. Un cuadro que recuerda observaciones de L’Art modeste de Alain Severe. Un cuadro que nos sitúa en la posmodernidad.

Se trata de una generación que tiene su punto de convergencia en las aulas del Instituto Reverón, en Caracas. Hasta donde puedo entender allí aprendieron que la primera condición del artista reside en su libertad individual. Ese clima se siente al recorrer sus pasillos, talleres y salones. En una época de limitaciones y de graves dificultades para la educación del arte en Venezuela, (para el país, vamos) el Instituto Reverón ha significado apertura, independencia, atrevimiento.

Pintor y pintor figurativo, Brines ubica un sujeto imaginario en medio del espacio de la pintura, solitario, imponente, simple. Dicho elemento podría tener su origen en el comic, en ciertas imágenes emblemática de la cultura de masas, sin otra afinidad que la creación pictórica. Su obra podemos identificarla por sus grandes formatos y sus largas secuencias de muy pequeñas series; el rostro imaginario, el interés por la materia y el color y cierta escritura en el espacio mismo de la pintura. Una de las vertientes de tradición del arte moderno es la deformación, la cual se mezcla, en este pintor, en un cromatismo de respiración del soporte.

Con Brines sucede la reafirmación de la tradición figurativa de la pintura contemporánea venezolana. Su imagen se concentra en una escena. Una figura sin repertorio. Su color tiende a lo primario y con el mismo fundamenta el sentido del dibujo. La suya es una pintura sobre la escribe el nombre de “Caracas”, sin mas: una figura en cierto modo indefinida, un cuerpo acostado, un humano pajarraco, un rasgo despersonalizado, aferrado a su extraña condición humana. Esta pintura de fondos inquietantes y de modelos que podrían evocar la pintura-pintura de los ochenta. Su referencia icónica, aun semioculta, dice de su procedencia fotográfica.

En momentos en la vocación profética del arte prácticamente a desaparecido y cuando lo uniforme amenaza con imponerse, surgen una serie de de jóvenes pintores que renuevan la fe en la pintura, en la creación pictórica, en el espíritu de la libertad. Esto es lo mejor que puede suceder a una sociedad quebrada.

Juan Carlos Palenzuela

2005

Entrevistas

Starsky Brines o ensayo sobre las bestias que mueren de amor

Néstor Luis Cedeño Lima ·
Plátano Verde

Entrevista sobre memoria, animalidad, juego e intervención de objetos. Transcripción conservada con el original en el archivo del artista; traducción al inglés preparada para esta edición.

Visitar la casa de Starsky (avenida San Martín) es como entrar en el laberinto personal de un miniatura urbano, que asume su hibridación y recuerda, no sin cierta nostalgia de cuentos, una infancia de árboles frutales, techos y casas solariegas. Suena salsa brava, Franco de Vita, Juan Gabriel, y Rocco (boxer de ochenta kilos) nos recibe en la puerta con mirada inquisidora, pensando que quizá no descifremos las claves del bestiario de Starsky, o la salida al laberinto de las formas y bestias del petróleo, que aúllan debajo de las calles...

“Pintar es destruir lo anteriormente establecido. Yo nunca trato de hacer una pintura, sino un pedazo de vida.” — Karel Appel

TODOS LOS JUEGOS EL JUEGO

Al entrar no podemos evitar ver las paredes llenas de sus obras, las puertas intervenidas por sus figuras híbridas, una vieja máquina de coser que era de su madre convertida en pintura, el baño con figuras en las instalaciones, las mesas repletas de retratos. Parece un código jeroglífico con el que el autor rehace su entorno convirtiéndose en creador sobre la creación. El ancla afectiva con los objetos potencia esta relación. Hay en su pintura una inmediatez de la línea, que viene de la mano con una desfachatez al asumir el hecho pictórico. Las narices de payaso en algunos retratos confirman nuestra tesis.

—Parte de tu búsqueda implica una intervención deliberada sobre la realidad, no sólo en el lienzo sino en objetos domésticos, y hasta en tu propio lugar de residencia. ¿De dónde nace esa relación?

Se inicia porque no tenía facilidad para conseguir los materiales, por esa razón comencé a experimentar con lo que fuera. A partir de esa relación con los materiales generas como “una maña”, y vas buscando dentro de las claridades que se te presentan. Y creo que la libertad juega un papel importante, esa relación de travesura pesa mucho en el trabajo; el preguntarse ¿por qué no? Cuando pinto sobre un objeto lo hago mío, lo transformo y le doy otro significado, otra identidad.

—Intervienes tu entorno inmediato, tu realidad cotidiana, tu espacio familiar, y al mismo tiempo eso te reconstruye a ti. ¿Se podría decir que tomas la pintura como una utopía transformadora de la realidad?

Yo creo en otras cosas, creo en la Utopía, esas cosas me hacen soñar, me hacen vivir mejor. Sé que la realidad es fácil, pero quiero otra más de pinga. El sentido del juego es muy importante en mi obra, la travesura, cambiar las cosas, ponerle una nariz de payaso a un retrato. Una anécdota: recientemente vendí una pieza y cuando me presentaron al comprador le pregunté: ¿Por qué la compraste?, y me dijo, porque me hizo reír.

LOS SUEÑOS DE LA RAZÓN

Retomamos el tema de la utopía en el balcón del apartamento. Abajo, la avenida suelta gritos de concreto, al fondo, el mercado respira unos colores inusitados para tanto asfalto y tanto aullido. Hablamos de los títulos de sus cuadros (Mañana cuando amanezca; Te Amo, El Sol no lo pude ver) y confiesa que muchos vienen de las canciones de su radio portátil, una manera de retener el momento emotivo donde fueron concebidos. Habla sobre su vida:

—Mi pintura parte de mi experiencia personal inmediata. Dentro de mi imaginario está mi niñez, mi mudanza a Caracas desde Maturín, mi familia, mi noviazgo de diez años, todo eso conforma mi mundo.

—Pienso en la idea de la polisemia del arte. Un arte que conquiste diversos espacios y dispare sus significados en distintas direcciones. Un arte capaz de vincularse al ser humano. Hoy en día, la gente no cree en un coño, y pienso que deberíamos recuperar la utopía.

LA MEMORIA DE LAS BESTIAS

La figura del animal es un elemento fundamental en el trabajo de Brines. Figuras zoomórficas que se desdibujan en el trazo acelerado (casi a gritos) que muchas veces plasma el artista. Revelando en diversas oportunidades, las preguntas fundamentales que enfrenta el pintor como ser: soledad, la urbe como prisión, desarraigo y pertenencia, los paraísos perdidos. La memoria de las bestias que no dejan de soñar.

—Partiendo de los títulos de tus imágenes se nota un sentido narrativo (o poético) que camina por tus pinturas.

Claro, eso está relacionado con uno de mis temas más importantes, que es La Memoria. Era algo que te relataba al principio sobre mi infancia de techos, y patios, juegos, vainas de cuentos. La infancia fue la maravilla. Ahí es donde está todo el imaginario que yo luego llevo a la pintura de distintas maneras. Pienso que la imagen retiene, de alguna forma, ese espacio.

—¿Qué rol juegan los animales en tu obra?

Mi relación con la figura del animal siempre me ha parecido interesante, reveladora e instintiva. Fíjate la relación del niño con el animal, completamente instintiva, natural. Claro, en mi caso personal, cuando trasladas esa imagen a la ciudad se disparan los contenidos de la obra.

—¿En ese momento haces una relación especular con la figura del animal?

Sin duda, el animal soy yo.

FICHA

Starsky Brines (1977)
URL: www.starsky.com.ve

Influencias: Jean Michel Basquiat, Karel Appel, Ernesto León, Antoine de Saint-Exupéry, Víctor Hugo Irazábal.

Imaginario: Bestias, retratos familiares, mancha, infancia, payasos.

Ideas claves: Intervención de la realidad objetiva y accesoria para impregnarla de un mundo personal. Búsqueda de recuperar el espacio utópico, paraíso perdido de la infancia. El hecho pictórico como elemento lúdico. Memoria (como modo de aprehender la realidad). Sentido narrativo de las piezas. Bestia como símbolo de libertad personal y relación instintiva con el universo. Dialéctica: animal doméstico (colores, filiación, infancia, ruralidad) - bestia salvaje (negro, mancha, petróleo, ruptura, ciudad, óxido, soledad). Híbrido bestia-hombre. Sentido catártico e intimista de su trabajo. Hematopoyesis.

Autoproclama: “Un esfuerzo sostenido por ver algo. Un poco de colores sobre un soporte, que se hacen enormes, que se hacen verdad. Mil veces fallar, otra vez comenzar, y no tener la certeza; pero seguir pintando. Tener los ojos hinchados de ver. Tener los ojos extendidos en el interior. Tener algo de torpeza para no pecar de ignorante”.

Reconocimientos:
• Premio “Juan Lovera”, XXXIII Salón, Salón Municipal de Artes Visuales “Juan Lovera”, Caracas, 2004.
• Mención Honorífica, XXIII Salón de Carúpano, Ateneo de Carúpano, Sucre, 2003.
• Premio Mejor Pintura, VII Salón Regional de Jóvenes Artistas, Puerto La Cruz, Anzoátegui, 2003.

Nota del archivo: transcripción conservada junto a las cuatro páginas digitalizadas del original. Se omite la dirección particular en esta edición pública. La entrevista original denomina la distinción de Carúpano «Mención Honorífica»; el catálogo de 2003 aportado por el artista acredita «Mención Especial», denominación utilizada en el CV actualizado.

2004

Textos críticos

Texto en revista Comunicación

Víctor Hugo Irazábal ·
Archivo del artista

Texto conservado en el archivo del artista.

La necesidad de dibujar, de trazar, de garabatear, de interpretar la realidad externa que lo rodea o la interna que vive en su mente es tan antigua como el hombre mismo. Desde los más remotos tiempos, el hombre siempre ha sentido la necesidad de imaginar, y dibujar lo imaginado, con el fin de entender el mundo o comunicárselo a los demás. El dibujo es un lenguaje. Es una actividad sensible sólidamente identificada con el ser humano. Mientras el hombre sienta la necesidad de usar ese lenguaje para significar, para comunicar, se continuará dibujando.

Se dibuja por diferentes razones. Se dibuja para aprender a ver o se dibuja para hacer visible lo que sólo nosotros vemos o pensamos. Por tal razón Joseph Beuys sostuvo que "dibujar es pensar". El dibujo es un pensamiento inmediato, que apela a lo esencial del lenguaje gráfico para expresar de una manera directa una realidad organizada, un todo con lo mínimo.

Es preciso señalar que más que una acción, el dibujo es una intención. Se puede dibujar sin necesidad de usar los materiales tradicionales del dibujo: papel, carboncillo, lápiz, etc. Hoy en día el dibujante explora nuevos materiales, liberándose del soporte tradicional y del marco. El dibujo se ha hecho en muchos casos más instalativos, abierto al espacio real y al digital, y no tiene complejos de asimilar aspectos del arte conceptual. En un proceso interactivo el dibujo se expande estableciendo diálogos con los demás géneros, aunque actualmente es difícil hablar de géneros. Tal es el caso de la serie de imágenes con las cuales Starsky Brines es convocado hoy a nuestra Galería de Papel, un conjunto de trabajos producto de la intervención del gesto, del trazo y de la línea sobre la imagen fotográfica.

Starsky Brines ha desarrollado todo un imaginario personal, no sólo como dibujante sino también como pintor, a partir del peso de la presencia del animal en su obra. Conformando una suerte de bestiario personal en el cual se desarrolla una serie de imágenes zoomórficas, que nos hablan de la hibridación entre la bestia y el hombre. Su trazo se deja llevar por una fuerza interior que no sabe hacia donde va, que bebe del oscuro fondo para dejar brotar, violentamente, al final un mundo arquetipal que nos conecta directamente con el origen animal.

Sus animales resultan de una mezcla de civilización y barbarie. No debemos olvidar que el arte es una forma de conocimiento, es un reflejo de la vida y el artista un pensador de la realidad, un indagador del mundo externo que nos ayuda a alcanzar con sus planteamientos materiales o inmateriales significados de cómo el acontecer social, cultural y afectivo en que vivimos toca nuestra fibra interna, incide sobre nuestro ser. Starsky en sus planteamientos nos habla de la condición de la existencia del hombre en la sociedad actual. Su arte está dotado de poder significativo y comunicativo en cual nos reflejamos como bestias, en un mundo cargado de una alta dosis de violencia e intolerancia.

"Inspirado en mi vivencia natural y citadina –señala Starsky– utilizo diversos recursos, soportes en los cuales existen imágenes ya elaboradas por otro; tal es el caso de la fotografía, pues en ellas habita una memoria que habla de un tiempo, de otra forma de ver y de una intención distinta a la mía. En mi trabajo no deja de privar un sentimiento de impertenencia que traduzco en nuevas imágenes propias. Ellas son el detonante de un discurso del cual nace lo ambiguo. De la naturaleza, con violencia, destaco lo animal, para evocar los diversos fragmentos que viven en la memoria y la cotidianidad del hombre urbano"

Víctor Hugo Irazábal Caracas, 2004 Publicado en la revista Comunicación

Bibliografía seleccionada

Libros que incluyen obra del artista. Referencias, páginas seleccionadas y enlaces a ediciones completas cuando están disponibles.

2017

Bibliografía

Nuevo País de las Artes

Antonio López Ortega ·
Banesco / Fundación ArtesanoGroup

Texto íntegro del perfil y entrevista de Starsky Brines, pp. 32–43, y fichas de sus obras, pp. 45–52. Original español y traducción al inglés de archivo. Se conservan las declaraciones y los datos en su contexto de 2017. No se duplican los destacados extraídos del propio texto ni se incluyen las biografías editoriales de los colaboradores. No es una traducción del libro colectivo completo.

Nunca quise derrumbar paradigmas

Texto: Humberto Sánchez Amaya · Fotografías: Abel Naím

Nacido en Caracas, en 1977, se ha convertido en una de las figuras más notorias de las artes plásticas venezolanas de los últimos quince años. Sus obras se han expuesto en España, Francia, Alemania y Corea del Sur, además de Venezuela. En sus creaciones, destaca un trazo en el que la figura humana se debate con lo animal.

En una de las partes más altas de su taller, hay una estatuilla de Santa Rita. Cercana al techo, ahí donde están todas las deidades que reciben peticiones.

A los siete años de edad, Starsky le pedía a esa imagen que sus padres no se divorciaran. Esperaba que curara todo mal entre papá y mamá para que alguno no se fuera de casa, pero no ocurrió. Entonces se enojó y se olvidó de ella. No quería saber nada. Tan pequeño, hizo lo que escuchaba de los adultos, se afianzó y pidió, pero le fallaron.

Con los años, se reconcilió no solo con la efigie, sino con lo que representa.

«La descarté por no haber cumplido, pero muchos años después la encontré tirada y la rescaté. Retomé el camino de la fe, todo eso de creer. Si no, no estuviera en el mundo del arte, en el que hay que tener tanta esperanza. Me considero creyente, pero más holístico. Creo en Dios, pero con distintas formas de percibir el mundo. Sé que existe otra dimensión paralela a esta.»

Ahora vive en las alturas, en las montañas de los Altos Mirandinos, entre caminos serpenteantes de tierra, en una cápsula lejana de todo ese caos que le es tan familiar. A kilómetros de distancia de ese asfalto y concreto que es la avenida San Martín, con sus puestos de vendedores ambulantes, las cornetas de conductores obstinados, el humo del bus que no respeta las normas de tránsito, el ladrón que busca a un incauto, los vecinos apurados por llegar al trabajo, las estaciones del Metro atestadas de pasajeros y los diferentes comercios a los que tantos acuden. Una zona neurálgica, una avenida en la que se une el urbanismo milimétricamente planificado y vistoso de El Silencio con la premura de soluciones habitacionales para la incipiente clase media de hace más de tres décadas.

Su arte llama indudablemente la atención. Sus cuadros no pasan inadvertidos, aunque después venga el juicio. Gustan o no, pero ese es otro tema. Sin duda, le ha ido bien. Esa manera de representar la figura humana, trastocada de una forma tan tajante, ha hecho que su estilo sea bastante reconocible. «Pienso que he desarrollado una obra que centra su atención en el ser humano. Al retratarlo, me he sentido seducido por su condición animal, híbrida y zoomórfica. Imágenes arquetipales que conectan con nuestra humanidad y memoria, con la condición festiva y trágica de la vida. En este sentido, he urdido escenas que son una narración absurda de la sociedad contemporánea, imágenes cargadas con la pérdida de nostalgia, con una condición animal que ya no podrá ser.»

Le gusta reiterar esa intención, como para que no haya vaguedades en quien se pose frente a uno de sus trabajos. Reafirma que reflexiona a través de imágenes sobre su persona, el entorno físico y lo figurado. «Lo hago a través del juego con códigos simbólicos de nuestra cultura contemporánea.» Y es verdad, quien ve lo realizado por Starsky no lo siente ajeno ni distante. El espectador intuye, además, la frescura de una propuesta profunda, pero a la vez jovial. Es reflexivo, pero a la vez ameno.

Trabaja con las emociones, con la cotidianidad de la ciudad y del país. «He logrado en los últimos años mayor profundidad en mis búsquedas conceptuales. Voy a cumplir 40 años y tengo otra dimensión de mi entorno.»

Su nombre no es inventado. No es una pretensión de una persona que quiere destacar y pavonearse con imposturas que suenen foráneas. No, nada de eso. En sus papeles de identidad aparece Homero Starsky Brines Riera. «Lo que pasa es que Homero Simpson echó a perder todo. Bueno, no tanto por eso, sino porque hay gente que me decía que uno nace con estrella. Entonces, preferí usar Starsky desde pequeño. En el liceo todos me decían así, que además suena brutal», dice antes de reírse.

Norka Riera, su mamá, costurera y modista, fue sin pretenderlo quien gestó en él esa curiosidad por las formas, quizás por esa agilidad con los dedos que puede terminar en creación. A los 7 años de edad, el pequeño Starsky sintió inquietud con lo que se le ocurría hacer mientras ayudaba a su mamá en el oficio. «A uno le quedan resonando en la cabeza las cosas que te dicen. Y en ese momento, siempre me reiteraban que yo tenía habilidades. Con el tiempo, empecé a pintar.»

RESPONSABILIDAD Y ARTE

Le comentaban que tenía destrezas como ayudante de su mamá, pero tampoco estaba consciente de querer concentrarse en eso de ser artista. Tan solo había impulsos que buscaban consumarse con las actividades que suelen presentarse como opción en cualquier colegial.

Esa expectación empezó a revelarse también de otras formas, como una fuerza que aún buscaba cómo explotar a través del cuerpo. Starsky estuvo en la coral del colegio Vicente Salias de Maturín, una ciudad en la que pasó escasos años de su niñez, pero en la que se despertó un imaginario vinculado al mundo animal, como se revela en sus pinturas. En la capital de Monagas vivió desde los 3 años de edad hasta los 13, en un ambiente en el que se entremezclaba lo urbano con lo rural. «Mi papá, Leopoldo Brines, trabajaba como ingeniero y lo contrataron para la construcción de un polideportivo. Pero con el tiempo, se fue. Hubo una ruptura y quedé desubicado en un contexto que no me pertenecía del todo. Ya yo sabía además que estábamos mal económicamente. Y cuando regresamos, terminamos en San Martín. ¡Fue todo un salto! En Caracas me involucré con una ciudad convulsa, que a la vez era muy divertida. Todo cambió, obviamente. Ahora hay una violencia que te impide todo.»

Al regresar a la capital, estudió en el Liceo Caracas, pero se enamoró y no quiso volver más para no ver a esa chica causante de tantas angustias y desvelos. «Cursé el quinto año en un centro privado. Hablé con la directora del Instituto Unitario del Centro en La Candelaria. Le dije que retomaría mi formación académica y que yo mismo pagaría la matrícula. Usé el dinero que obtenía como mensajero. También hacía retratos y los vendía.»

Existía la presión de aprender una labor que redundara en una mayor estabilidad económica. Esa común necesidad de llevar algo a casa y dejar atrás las premuras. «Por eso, una vez graduado, empecé a estudiar Diseño Gráfico. Quería desempeñarme en un trabajo que me ayudara a resolver ciertos problemas. Pero la escuela de diseño se encareció mucho. Tuve que dejarla, pero los mismos profesores me dijeron que yo era un artista, que no tenía nada que hacer ahí. Cuando iniciaba un proyecto, lo hacía de forma subjetiva: Me faltaba ser pragmático, como lo exige una carrera.»

Pero el paso del diseño a la escuela de artes no fue inmediato. La realidad toca siempre la puerta y obliga a atenderla. «Antes trabajé en la Electricidad de Caracas, como aprendiz . Era un excelente empleo, con todos los beneficios, pero no era lo que deseaba. Duré como seis meses. Después trabajé en una contratista de esa misma compañía. Hacía reportes de postes dañados. Conocí muchos barrios, vi mucha pobreza en zonas que ahora deben estar peor. Luego, en 1999, ingresé a la escuela Armando Reverón, y allí todo comenzó a evolucionar aceleradamente.»

A ese lugar llegó gracias a su paso por el taller de Jesús Soto en Caracas, donde fue el último de la fila entre los trabajadores del maestro. «Había una muchacha en San Martín que era directora del taller; ella sabía en lo que yo andaba. Me preguntó si quería trabajar ahí. Pregunté qué era y me explicaron. Vi el pénsum y me entusiasmé.»

Esa labor en el taller, donde estuvo apenas tres meses, sirvió aún más para sustentar sus aspiraciones. «Yo simplemente limpiaba las obras que llegaban de otros lugares. Me maravillé por lo que estaba descubriendo. Fue otra dimensión. Me di cuenta de que se podía vivir del arte. Le dije a mi mamá que Soto era muy exitoso. Solo lo vi una vez. Llegó y me preguntó si era el nuevo asistente de taller. Se presentó y me dio la mano.»

Al Instituto Superior de Artes Armando Reverón llegó sin saber mucho. Por pasillos y salones caminaban artistas que él veía en libros y museos. Ahí estaban, finalmente, impartiendo conocimientos a su alcance artistas como María Eugenia Arria, Víctor Hugo Irazábal, Manuel Espinoza, Octavio Russo.

«Ya sentía la certeza de estar bien encaminado. Ya estaba consciente de cuál era mi vocación. Me sentía potente e imparable. Nunca dudé de que lo iba a lograr. Más bien, si algún profesor me cuestionaba constantemente, yo decía que era él quien no entendía.»

A ese lugar entró agradecido, sin las ínfulas de querer derribar lo establecido. «Fui una esponja. Nunca quise derrumbar paradigmas; más bien los quería. Era necesario enterarme más del arte. Otras personas sí, hijos de artistas, que llegaban con otras pretensiones. Pero eso no te permite disfrutar del momento. Yo más bien ingresé con muchas preguntas. La escuela Armando Reverón fue todo un descubrimiento, y pienso que así fue mejor.»

Una vez entre esas paredes le preguntaron por un artista venezolano que no fuera Jesús Soto, Carlos Cruz-Diez o Armando Reverón. Solo atinó a responder que Juan Loyola, a quien había conocido en Ciudad Bolívar gracias a su papá. «Era muy andrógino. Me pareció muy raro. Le pregunté a mi papá y él me dijo que era un gran artista. Me dio la mano y nunca lo olvidé.»

INFLUENCIAS

Si se tiene que hablar de mentores, hay uno que conmueve profundamente al artista. Es de esos personajes que suele haber en los sectores más populares de las grandes ciudades, en esas zonas en las que, a pesar de la hostilidad, aún prevalece el encuentro fortuito con esquinas, calles y pasillos, entre personas que se conocen de toda la vida.

«Te hablo de un lugar con personajes sanmartinescos. Eso solo lo entiende la gente de allá. Cuando joven, mis amigos y yo decíamos que todo se parecía a la serie de televisión Eerie, Indiana, en la que pasaban cosas absurdas. Eso forma parte también de mi obra, indudablemente.»

Allí, a los 16 años, conoció a Juan Vicente Marí Torres, su antes y después. Un pintor que vivía en la calle por problemas de drogas, pero que fue su primera influencia.

«Lo quise mucho. Con él conocí a la primera persona que se llamaba a sí mismo artista. Era cultísimo. Hablaba francés; había ido a Europa. Me contaba historias de un mundo que yo ni me imaginaba, un universo fantástico. Era cuestión de fe creerle o no. Vendía sus cuadros en la calle. Era un guerrero.»

Un día le preguntó si era artista. Él dijo que sí y lo invitó a ver sus pinturas. «Me encontré con una instalación, un rincón lleno de peroles que él recogía en todos lados. Nos hicimos amigos. Él también necesitaba de alguien que lo escuchara de verdad. La gente me criticó mucho, porque yo cambié también. Empezaron a decir que yo consumía piedra y juraban que yo terminaría en la calle. Pero para mí era como estar en un taller con una persona que se mimetizaba por ser artista. Entraba con licencia a ciertos guetos a comprar sus cosas. Siempre quería enseñarme los detalles de su vida. Me habló de la droga y siempre me advirtió que no lo hiciera, porque si no terminaría como él. Fue muy íntegro. Tuvimos una relación incluso mística. Él trabajó como guardabosques del Ávila, y me comentó muchas cosas que pasan arriba. Decía que había unos portales, pero nunca me atreví a acompañarlo.»

Falleció hace cuatro años, un momento que él compara con la película El gran pez de Tim Burton, en la que de repente aparecen todos esos personajes de los que hablaba el protagonista y que confirmaban todas las historias que el hijo creía inverosímiles. «Estaba su familia, pero para ellos él había muerto veinte años antes.»

Una vez que Starsky entró a la Armando Reverón, la relación empezó a enfriarse, pero nunca el sentimiento. Los temas de conversación no eran los mismos, pues el incipiente artista empezó a recibir otros conocimientos, otras referencias más universales y trascendentes. «Nunca llegó a ir a una de mis muestras, pero sí compartíamos la prensa que reseñaba mis cosas y él lo disfrutaba mucho.»

Sus influencias han variado con el tiempo. Hubo momentos en los que sintió un desbordado entusiasmo por lo que hacía el francés Jean Dubuffet, pero ahora más bien se compenetra más con el alemán Gerhard Richter. «Por su manera de contar varias cosas a la vez. Me siento más reflejado en eso de tener varios cuerpos de trabajo sin dejar de ser yo. Me gusta que la gente espere algo específico de uno. Tapia, por ejemplo, fue un personaje vital para mí, pero en estos momentos lo siento muy distante. Ahora, Jean-Michel Basquiat, de toda la vida, al igual que Georg Baselitz o Markus Lüpertz. Todos han sido innegables influencias.»

EN EL RUEDO

En la escuela de artes constantemente le decían que mirara el mundo del arte venezolano como un gran estacionamiento en el que tenía que buscar su puesto. ¿Y cómo se hacen visibles? A través de los salones de arte. Para Starsky fue importante su inclusión en el Salón de Arte Exxon-Mobil 2003 de la Galería de Arte Nacional, donde por primera y última vez una de sus obras estuvo colgada en esas paredes: Naturalmente fragmentado. Otro momento importante fue el Salón Cantv Jóvenes con FIA de 2005, cuando obtuvo el Segundo Premio por Miradas abiertas.

Juan Carlos Palenzuela fue el primer crítico que se interesó en él. Incluso, fue el curador de su primera individual. «Iba hasta mi casa en San Martín. Apenas entendía lo que él me decía, porque no poseía entonces el mismo bagaje que él. Me dio mucha seguridad sobre la pintura. Me recomendaba que aguantara la falta de medios porque venían cosas mejores. Una vez fuimos a la Armando Reverón y me dijo: ¡Qué feo todo esto! Me reiteraba que tenía que viajar, conocer París y el resto del mundo. Me decía que estábamos muy limitados en una escuela de artes sin jardines. Y es verdad, era hermosa por todo lo que ocurría adentro, pero era un edificio de concreto.»

Y le hizo caso. En el exterior fue abriendo brecha desde Madrid, gracias a la Galería Fernando Pradilla. «Me dio mucha más seguridad y empecé a pulsar lo que pensaba otra gente en el mundo. Ahí me di cuenta de que esto es un lenguaje universal. Que lo que hacía en San Martín podía ser incluso más apreciado que donde vivía. No puedo negar las interpretaciones con las que puedo estar en desacuerdo. Por eso es arte, no ciencia. Mi intención no es demostrar nada. Reflexiono sobre el ser humano. Una persona con sus vivencias particulares tal vez no descubra lo de San Martín o Caracas. Va a conectar con su ser y arquetipos. Eso es más trascendente que mis vivencias en esta ciudad.»

Vale acotar que antes de iniciar ese camino de formación y éxito, Starsky tuvo individuales, pero a las que solo asistían sus familiares más incondicionales. «La primera fue en la Biblioteca Pública Óscar Palacios Herrera en San Martín.»

Su familia, al ver los frutos en galerías y prensa, empezó a celebrar todo. Tomaron conciencia de que no hubo decisiones equivocadas en el muchacho que quiso ser artista.

NUEVA VIDA

En la montaña hay un silencio que ahora le es necesario. La explosión de los años en San Martín y Lomas de Urdaneta, donde vivía su abuela, quedó atrás. En su taller ahora recibe clases de música.

Hace una pausa para dejar claro que es importante hablar de sus días en Lomas de Urdaneta, donde creció su mamá. «Cuando estábamos en Maturín, en vacaciones, siempre era mi destino. Pasaba varias semanas en esos bloques, donde los niños eran muy diferentes a lo que yo estaba acostumbrado. Eso también forma parte de ese imaginario. Cuando uno ve lo que fueron esos bloques, diseñados por Carlos Raúl Villanueva, o el Metro de Caracas, uno valora cómo se transformó la ciudad. Pero después de tantos años, todo queda solapado entre tanto caos. Es lo que se habla cuando uno se refiere a la desilusión de la modernidad. Hace unos años intenté volver, pero no continué. Apenas llegué en carro, noté la tensión.»

Ahora, de regreso a su vida en la montaña, detalla: «He aprendido a tocar percusión y guitarra. No tengo ningún grupo; solo estoy investigando sobre el arte sonoro. Estoy contaminado de la plástica. Así que esto me ha servido de catarsis para pensar en otras cosas. Pero inevitablemente se empiezan a cruzar».

Graba lo que hace, y tal vez desarrolle algún proyecto más adelante. «Fantaseo con producir un disco de arte sonoro. Sería para un público muy pequeño, sería como la banda sonora de mi obra.»

Starsky está casado con su novia de la adolescencia, Judisay González. Con ella tiene dos hijos. Camila, de seis años de edad, y Liam, de dos. Y no descarta emigrar. «Me fui de San Martín por los hijos. Quiero darles otra calidad de vida. Claro, Santo Antonio es una burbuja. Estamos en una zona de confort. Si no enciendo la radio, no me entero de nada. Si tengo que irme, además de la situación del país, será por lo que aún necesito aprender afuera y brindarles a los niños más cultura y visión.»

La niña le pregunta y él le explica sobre lo que ocurre en Venezuela. Le relata lo vivido en San Martín, tanto lo bueno como lo violento.

Todavía es mucho lo que le falta. Por eso prefiere esperar antes de asegurar si encontró su puesto en el estacionamiento del arte venezolano. «El tiempo es lo que pone, lo que sube y lo que baja. Decir que hay un legado es pretencioso. Los tiempos del arte son muy largos. Se pueden comprobar ciertas cosas, como que lo que se ha hecho ha tenido sus frutos. Para los demás, aún es muy temprano.»

Para Starsky el rol del artista está en su taller. El arte es político por naturaleza, pero en la Venezuela actual está obligado a sensibilizar y utilizar sus herramientas para el encuentro. «Hay que dejar que la gente entre y se consiga con lo humano, con lo básico y elemental. Poder reconstruir a partir de ahí. Como ciudadano, hay que tomar posición, pero como artista, desde afuera, es necesario establecer los puentes necesarios, poder hacer cambios para alcanzar otros paradigmas. Uno como artista tiene la capacidad de apartarse de la masa y ver desde una diferente perspectiva.»

Si tiene que nombrar un país en el que ha sido exitoso, subraya que Corea del Sur. «Ha sido una locura. Se parecen mucho a nosotros. Hay una demencia que nos conecta. Allá puedes ver obras mías en la entradas de museos importantísimos. Eso no pasa acá. En Venezuela hay un divorcio total entra las instituciones y los artistas. No creo que yo exista para los museos públicos de este país. Si llegase a haber un interés, yo daría mi mejor obra.» Por ejemplo, en Corea del Sur, hay obras suyas en las colecciones de la Chosun University Museum of Art.

Mientras transcurre su tiempo, prefiere concentrarse en lo inmediato, en cada momento que le permita experimentar distintos caminos de expresión. La pintura es primordial, sin duda, pero la música ha despertado en él una curiosidad por saber y dominar cada vez más ese arte. Desde su taller, que suena a salsa, a jazz y rock, transcurren sus días entre la explosión de creatividad, la reflexión, la preocupación y las ensoñaciones por un futuro del que siempre ha estado seguro, pues, como ya dijo, nunca ha dudado de lo hecho ni de sus objetivos. Como si quisiera demostrar lo que escuchaba cuando era pequeño: que hay gente que nace con buena estrella.

Fichas de las obras · pp. 45–52

El marino soy, 2017. Acrílico, grafito y óleo pastel sobre papel. 70 × 50 cm.

Estás rodeado, 2014–2017. Collage, acrílico, grafito, óleo pastel y pintura industrial sobre papel. 70 × 50 cm.

El hombre del mecano, 2017. Collage, pintura industrial y óleo pastel sobre papel. 70 × 50 cm.

Returning to Napoleon, 2016. Acrílico y óleo pastel sobre tela. 208 × 168 cm.

Our day will come, 2016. Acrílico, pintura industrial y óleo pastel sobre tela. 156 × 120 cm.

THINK, 2015. Pintura industrial y collage sobre madera. 244 × 182 cm.

The circle of beauty, 2016. Acrílico, pintura industrial y óleo pastel sobre tela. 166 × 198 cm.

Así es Caracas, 2017. Collage, pintura industrial y óleo pastel sobre papel. 70 × 50 cm.

2014

Bibliografía

Panorámica. Arte emergente en Venezuela 2000/2012

Félix Suazo ·
Fundación Telefónica · 2014

Traducción al español del pasaje en inglés de la página 302 reproducida en el archivo del artista, junto a las fichas de obra legibles de las páginas seleccionadas. La primera frase viene de una página anterior no aportada y se indica con […]; la referencia [10] no viene acompañada de su nota en el recorte. Se conservan las grafías de nombres del original inglés. No se afirma que este fragmento sea el ensayo ni el libro completo. La edición de referencia del libro es bilingüe.

[…] de 2000 hasta 2012 ha alternado con medios tradicionales como la pintura, la escultura y los medios impresos, así como con prácticas estéticas del imaginario urbano, como el grafiti, el tatuaje y los productos mediáticos. Asimismo, el debate sobre la pintura incluye otros medios, como ocurre con el uso de objetos de José Vivenes, los recursos ajenos a la pintura en la obra de Jonidel Mendoza y Ángel Marcano, el uso de instalaciones que llevan el color y la forma más allá del lienzo en la obra de Jaime Gili, los elementos gráficos en la obra de Sheronawë Hakyihwë y Christian Vink, y el uso de la fotografía en la obra de Richard López, Starsky Brines y Enay Ferrer.

Un fenómeno similar ocurrió en el arte tridimensional, que también incorporó distintos discursos en la combinación estratégica de elementos escultóricos, gráficos y pictóricos, como se evidencia en la obra de Jorge Pedro Núñez, Oscar Abraham Pabón, Enrique Moreno, Mariana Bunimov, Mairyseth Vargas, Francisco Martínez y Camilo Barboza.

Esta combinación de distintos discursos produjo mezclas fértiles que se incorporaron a las obras. Pintar, dibujar o esculpir dejaron de ser síntomas de anacronismo cuando se empleaban conscientemente para criticar o especular sobre estrategias de representación [10]. Esto resulta particularmente admirable en las obras que ponen en primer plano el papel de los medios para mostrar cómo se construyen las ideas y cómo los medios afectan a la percepción.

Esta premisa es particularmente importante en las imágenes videográficas, fotográficas y pictóricas, en cuanto actúan como índices condicionados por los códigos impuestos por sus usos y por los significados de estas formas particulares de representación. Esto, a su vez, explica la compleja narratividad de las distintas prácticas que convergieron en la escena visual venezolana durante el período considerado. Así como no hubo restricciones respecto de los medios utilizados, tampoco hubo límites ni preferencias en cuanto a las estrategias de representación. Las obras producidas apelan al amplio repertorio iconográfico en circulación o —por contraste— a la tradición geométrica, sin abandonar las posibilidades comunicativas y estéticas del cuerpo o de los objetos. Tanto la imagen como su omisión deliberada tienen un significado explícito y plantean un diálogo consciente entre sentidos y códigos.

Fichas de las obras seleccionadas

Invasiones en el espacio. Pintura en proceso, 2009. Galería Artepuy, Caracas. Vista de la exposición. Foto: Rafael Serrano.

Bestiario Urbano, 2011. Pintura acrílica sobre impresión digital en papel Luster de 260 g. 119 × 87 cm.

Símbolos, de Bestiario Urbano, 2007. Acrílico con impresión digital. 15 × 24 cm.

Bibliografía

Arte en Venezuela 1980–2005

Juan Carlos Palenzuela ·
La Casa del Cerrajero · 2014

Referencia bibliográfica. Se reproduce la portada y la página 305, con una obra de Starsky Brines. No se presenta como un ensayo monográfico sobre el artista ni como el libro completo. El año 1980–2005 corresponde al período estudiado, no a la fecha de edición.

Volumen histórico de Juan Carlos Palenzuela, editado en 2014. La reproducción de obra constituye una referencia para estudiar la presencia de Brines en los relatos de la pintura venezolana. La página contigua sobre Álvaro Sotillo no se incluye en esta selección.

Ficha de la reproducción: Homero Starsky Brines, Enfrentado, 2003. La página aportada reproduce una obra; no contiene un ensayo sobre el artista.

2003

Bibliografía

20 nuevas miradas. Jóvenes pintores venezolanos

Soledad Mendoza Editores ·
Soledad Mendoza Editores · 2003

Se transcriben completos el perfil firmado R. A. L., que continúa en la página siguiente, y el texto crítico firmado P. E., presentes en las páginas aportadas. Original español y traducción al inglés de archivo. Las iniciales se conservan sin atribuir nombres no verificados. La condición de estudiante corresponde al momento de la publicación. No es el libro colectivo completo.

Perfil del artista. Firmado R. A. L.

Starsky Brines nació en Caracas, y cuando tenía 3 años sus padres se mudaron a Maturín, y allí estudió en la Escuela de Artes Plásticas Eloy Palacios. Mordiendo la arena de la adolescencia regresó a la capital de la república y se inscribió en el Instituto Monseñor de Talavera para estudiar diseño gráfico, de allí partió hacia los lados de Caño Amarillo para inscribirse en el Instituto Armando Reverón. Está en noveno semestre, y le falta la tesis para ser licenciado.

La madre de Starsky tiene claro el recuerdo de las primeras veces que lo vio pintando. Tendría 7 años cuando ya tomaba el pincel, pero fue después, mucho después cuando tuvo la certeza de que el arte sería su modus vivendi. El estudio del diseño gráfico lo convenció de que su camino tendría que ser más cercano a la libertad, y menos gobernado por las retículas de la razón. De algo similar lo han convencido el trabajo de sus maestros: Víctor Hugo Irazábal, Antonio Lazo, Octavio Russo y Luis Lizardo, uno de sus profesores más queridos. Integrantes todos de una generación por la que nuestro artista profesa admiración: la de los ochenta.

Cuando Starsky se vino de Maturín a Caracas experimentó un cambio muy fuerte. Abandonó la limpia, verde y bellísima ciudad oriental para venirse a vivir al lado de la autopista Francisco Fajardo, a la altura de San Martín. Entonces comenzó a vivir en el limbo: no pertenecía ni a Maturín ni a Caracas, quizás por ello traza unos signos y unos iconos que le ayudan a encontrarse. En su obra batallan la ciudad y la naturaleza, siempre buscando un acontecimiento plástico, una relación entre la figura y el fondo, una relación pictórica de la cotidianidad.

Texto crítico. Firmado P. E.

Las pinturas deliberadamente elementales, muy poco realistas, a veces bruscas y rústicas, pero siempre intensas y vigorosas, de Starsky Brines, son pinturas cargadas de energía y de vitalidad. Sus animales parecen tranquilos y quietos, pero son poderosos, sentimentales, primarios en su sencillez, pero lujosos por la riqueza matérica que los cubre. Fuera de todo eso, es una rara casualidad que conozcamos a tres artistas venezolanos de apellido Brines, que no es nada común: uno es poeta en Valencia, otro es arquitecto en Caracas, y éste, por supuesto, es pintor. Pero ellos no se conocen entre sí, no son parientes.